Mazo de llaves

Entre mis manos las llaves temblaban.

Hay partes de esta fantasía ya quinceañera que no saben esperar o quedarse quietas.

Las llaves más pequeñas lo acercaban a mí.

Su voz, aquellos pantalones de mezclilla y esa sonrisa entre los árboles.

Si el clima no era igual, tomaré una licencia para equipararlo.

Un abrazo, caricias clandestinas. Una complicidad única y luego la duda ¿Esperar? ¿Satisfacción temporal? ¿Punto final?

No era día de luz para que hubiera sombras. Sólo de su cuerpo entre mis manos, de su placer entre mis pechos.

Por los próximos tiempos tendré el recordatorio de ese beso, de sus manos, de su cuerpo y él tendrá mi descaro, mi placer, mis orgasmos.

Tendremos la realidad y los pasos anhelados de la fantasía en lo que dure esta eternidad. Seré un retrato perdido y prohibido.

El suspiro de un orgasmo solitario. Carta abierta para el placer al final de esta o de una triada de décadas.

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