CALIMA

Extractos del poemario Calima, de José Zelaya

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INCONTABLES son las bocas de los que han saciado su hambre 

[con flores muertas y han creído en los destazadores de sangre, noche y cielo. Incontables son los hombres y mujeres que han aprendido el arte 

[de dibujarse abismos en sus cuerpos,

a encender una vela y quemar la geografía de sus memorias,  a ocultar debajo de las costillas el lenguaje del silencio. Incontables son los muertos que recoge el viento y son esparcidos como partículas en las huellas de un desconocido.  Incontables son mis palabras frente al espejo de los ciegos y  el mar de huesos en este país. 

Territorio de hambre

Mis manos dialogan con el aire,  Me han colocado una mortaja de sangre y  han confundido mi nombre con el de un abismo. 

¿Reconocerán la voz de mis párpados?

¿Sumergirán mi rostro en agujeros de paredes?

¿Seré victima de una generación más que ha segado sus ojos al  [sacrificio de las lenguas?

Aguardo sin respuesta,  mientras el silencio muda mis huesos, ahorco el territorio de nómadas  y transgredo los códigos de hambre. 

Me convierto en espacio de castigo, en una garganta de miserias donde florecen máscaras y las sombras pactan  el festín sobre el cadáver de un pueblo. 

Ciudad que no habito

En esta ciudad sonámbula

las sombras me carcomen arterias

y fantasmas escriben la historia de lenguas violáceas.

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Soy títere de la tempestad 

cegado por tormentas de ojos

que me observan como un manojo de huesos,

atravieso calles suicidas, 

sacrifico la piel de mis antepasados

en un territorio enjaulado y

oculto el frío de las constelaciones

en extremidades de la tierra.

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En esta ciudad sonámbula

 las sombras me carcomen arterias

y alguien mide la distancia de mis manos de plomo. 

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Actividad cotidiana

A diario, fuman mis huesos y carcomen la esencia de lo que no soy.

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