Miroslava
Miros lava las copas sin rayarlas. Miros lava los cuellos de camisas hasta dejarlos blanquísimos. Miros lava los orines de la cama del niño. Miros lava, lava y lava. Doña Hilda se deshace en halagos hacia su Miros. De verdad que es honradísima, dice, nunca se me ha perdido unCuéntame más…
