Entre mis manos las llaves temblaban.
Hay partes de esta fantasía ya quinceañera que no saben esperar o quedarse quietas.
Las llaves más pequeñas lo acercaban a mí.
Su voz, aquellos pantalones de mezclilla y esa sonrisa entre los árboles.
Si el clima no era igual, tomaré una licencia para equipararlo.
Un abrazo, caricias clandestinas. Una complicidad única y luego la duda ¿Esperar? ¿Satisfacción temporal? ¿Punto final?
No era día de luz para que hubiera sombras. Sólo de su cuerpo entre mis manos, de su placer entre mis pechos.
Por los próximos tiempos tendré el recordatorio de ese beso, de sus manos, de su cuerpo y él tendrá mi descaro, mi placer, mis orgasmos.
Tendremos la realidad y los pasos anhelados de la fantasía en lo que dure esta eternidad. Seré un retrato perdido y prohibido.
El suspiro de un orgasmo solitario. Carta abierta para el placer al final de esta o de una triada de décadas.

Nací en Guachochi, Chihuahua, México. A través del arte he conocido el mundo próximo y lejano. Las letras han sido mis mejores amigas y confidentes, la brújula capaz de guiarme por el sendero de ser cronista del mundo que conozco e imagino. Soy todas mis palabras y todos mis silencios. Amante de la vida en cualquier transición.
