AL CAER LA NOCHE

Ando caminando por los oscuros pasillos del internado. Ahora sin máscara ni disfraz. Cuido que mis pupilos estén todos en su cama, las luces apagadas, silencio absoluto. 
Después de mi ronda, pienso también dormir un poco. Todo el día sufrí con sus arrebatos, berrinches y peleas. ¡Cabrones!  Ni siquiera pude beber un poco, parece que ya me conocen, y al menor intento de acercármeles, bueno…
Deseo que esta noche sea diferente, por eso puse doble dosis de somníferos en la cena de todos, menos en la de Samuel, el más apetitoso. Con quien siento que existe una afinidad compartida.
Antes de ir a mi cuarto, intento abrir la puerta de la sala de menores, nunca una botana está de más. En ese momento es cuando aparece Sam, también al natural. Nos quedamos mirando, los dos con hambre desmedida, los colmillos afilados y el deseo de pertenecernos.
De momento no reaccionamos, esperamos a ver quién da el primer paso y de pronto, nos abrazamos mutuamente. Entrelazados hincamos nuestros colmillos uno en el cuello del otro, y sabemos que después de esta cena, tendremos el mejor orgasmo del mundo.

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