Estoy esperando mi camión en la terminal…
—Alex Lora, “A.D.O.”
Charco carga la jaula con Duncan dentro. Recuerda la cara de la recepcionista cuando al levantarla dejó un charco de orines. “Duncan siempre orina cuando se emociona”, trató de explicarle, pero ella no quiso escuchar. Pendeja ella y todas las mujeres, no entienden las emociones de los hombres, piensa para sí. Detiene un taxi y le pide que lo lleve a la estación de autobuses del norte. Para allá no voy, mai. ¿Estás trabajando o qué? Uy, ¿ora usté me va a decir qué hacer?, sáquese a la verga usted y su perro apestoso, pinche chango. Charco da una patada a la portezuela cuando el taxi había comenzado a avanzar. El taxi se detiene de golpe, el conductor se apea. ¡¿Qué muy sabroso?! Se miden con la mirada, ambos inflan el pecho mientras Duncan ladra y chilla desde la jaula. Vete a la verga, pinche greñudo, grita el taxista y sube al auto. Charco le hace la señal de huevos aprendida desde la primaria en la San Felipe.
Otea a la calle. Mira a lo lejos que se aproxima otro taxi, le parece que lo maneja una mujer. Ya ni pedo, dice para sí y le hace la seña. El vehículo enciende las luces intermitentes y se orilla. ¿Qué le pasó a su perro?, pregunta la chofer. Se llama Duncan y ya está viejo. ¿A dónde lo llevo? A la Terminal del Norte. Súbanse. Se escucha el ruido de los seguros de las puertas. Dentro del taxi, Duncan se calma, jadea. ¿Tienes sed, guey?, le pregunta Charco. Uy, joven, Duncan me recuerda mucho a uno que tuve hace años cuando vivía con mi ex. Esos perros son bien inteligentes, hasta parece que hablan con uno, ¿a poco no? Sí. El día que ese desgraciado me corrió de la casa se le fue a mordidas, lo desconoció bien feo, se puso como loco. Fíjese que el Estrudel era tranquilo y sí quería a su papá, pero más a mí. Me defendió, y es que ese cabrón cuando se metía sus cochinadas, era otra persona. Las pinches drogas hacen feo, joven. Ahorita las cosas están cabronas, aquí en el taxi se ven muchas cosas, ya no es como antes, hay que venir a las vivas. Usted me dio confianza por el perro, no cualquiera cuida a sus mascotas, la verdad. Tengo unos vecinos que tienen a sus perros en la azotea, pobres animales, ¿no cree? Ni siquiera limpian su cagadero, ya se imaginará el olor. Los días que hace calor apesta muy feo, joven; y cuando llueve, ni se diga. Ya han ido a hablar con el vecino, pero no hace caso, es muy grosero y como tiene palancas con la delegación ya se imaginará.
Durante todo el camino, Charco y Duncan escucharon sin parar a la conductora.
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Advertencia: Este texto pertenece a la serie Charco. Para leer el capítulo anterior da clic aquí. |

(Cuernavaca, Morelos 1976)
Egresado del Diplomado en Creación Literaria de la Escuela de Escritores “Ricardo Garibay” del Estado de Morelos. Estudia la licenciatura en Creación y Estudios Literarios en el CMA. Fundador de la comunidad Letras Insomnes; encargado del proyecto: Letra Equis donde, entre otras cosas, dirige el Taller de la Medianoche.
