SOMOS HISTORIAS Y ENHEBRAMOS POESÍA
Ante la contemplación de las estrellas…
Frente a la inmensidad misteriosa de la noche que desdibuja y recrea…
Nos sentamos al fuego a “crear constelaciones”
A agrupar lo infinito y lo eterno
Comenzamos a contarnos cuentos para religarnos
Para sentir y experimentar juntos
Para constatar que la experiencia de la vida tiene un hilo conductor común
Y nombramos al mundo
Creamos lenguaje
Que nos humaniza
Nos hace seres humanos.
Flor y canto, dijeron los ancestros.
Porque, para los tatas, la poesía es la máxima belleza y la única verdad que se puede expresar en este planeta errante.
Ellos reconocieron y alzaron la voz para hacernos saber que lo único verdadero y permanente en esta experiencia cambiante que llamamos vida es el arte y la poesía; yo agrego la literatura, que representa la capacidad que tenemos para elevar la voz y conectar con lo sagrado. La literatura crea un tejido que nos une sin importar el tiempo en que habitemos o el lugar donde se desarrolle nuestro existir. Los que escribimos lo hacemos para compartir, para ser leídos, escuchados y participar en un diálogo que trasciende el tiempo, el espacio y la muerte.
La literatura es comunión
La literatura es manto que da sentido
Identidad.
La literatura ahuyenta la soledad a la que nos confina nuestra individualidad. Mediante cuentos, leyendas, canciones, poemas y mitos contamos y nos contamos, tocamos nuestro centro más sensible; compartimos ideas y formas de vivir. Con las letras hiladas con propósito, descubrimos y decimos quiénes somos, a dónde vamos, hacia dónde queremos ir y para qué.
Con la palabra nos damos consuelo y compañía
Mediante la palabra tejemos pasado, presente y futuro
Porque somos lo que nos contamos
Lo que nos cuenta
Y lo que cuentan de nosotros
Dijo Eduardo Galeano: Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias…
Letras Insomnes es un fuego en la escampada
Un oasis
Un lugar donde nos reunimos a conocer y contar historias
Un espacio donde cantamos poesías
Y créanme que sin literatura la vida pueda ser insoportable
Estéril
Más solitaria que plena.
La literatura es un saber, una práctica social que articula, vincula y enriquece el acervo simbólico de la humanidad entera. A través de toda forma literaria, las personas nos acercamos y formamos comunidades. Con la literatura nos diferenciamos y nos identificamos, nos interrogamos y tomamos conciencia.
Letras Insomnes, que recoge como agua en cántaro los decires y saberes de los “escribidores” y trashumantes que trabajamos la palabra, crea puentes, nuevos mundos, posibilidades innovadoras porque impulsa la creatividad, el ensueño y la fantasía que es de lo que se alimenta “la realidad”, dándonos con ello lugar y futuro.
La literatura no es un objeto aislado ni un lujo estético: es una práctica social que articula memorias, sentidos y vínculos.
La literatura es sanadora y cohesiva porque es un lenguaje público que permite algo excelso y casi olvidado: dialogar. Dialogar no tiene el propósito de ponerse de acuerdo, de pensar igual, de discutir o pelear: dialogamos para disfrutar de la alteridad.
Los textos socializan experiencias privadas y permiten que la singularidad sea materia prima de debate colectivo.
La literatura fomenta la empatía, nos permite ver “entrar en la vida de otros” para, al menos, conocer y reconocer sus motivos y dilemas, sus emociones e ideas, desde la interioridad de los personajes.
La lectura y la escritura son actos comunicativos que alimentan la comunidad: clubes de lectura, tertulias, presentaciones y, sobre todo, las revistas culturales, como LETRAS INSOMNES, constituyen foros donde se negocian valores, se ponen en crisis mitos y se elaboran consensos.
En sociedades, la literatura ofrece repertorios narrativos que ayudan a mediar conflictos y a imaginar alternativas políticas y sociales. Con textos se comienza a gestar la vida, el cambio, la utopía que es faro e inspiración. Con la literatura se alimenta el proceso vital porque es depósito y laboratorio de cultura.
Los textos fijan y transforman lenguajes, mitos y prácticas simbólicas; son, como dijo Raymond Williams*1, la “estructura de sentimiento” que define una época.
Es necesario puntualizar que la literatura fue la forma de describir la psique, la vida interior, las contradicciones, las visiones del mundo, las filias y fobias que tuvimos a la mano siglos antes de que algunos creyeran que esto es materia exclusiva de la psicología.
También la literatura borda sobre la historia, el comportamiento de los pueblos o de las masas porque como dijo Derrida*2, el filósofo argelino, “nada hay fuera del texto”.
La transmisión literaria —desde la tradición oral hasta la edición contemporánea— constituye un archivo vivo: recoge memorias colectivas y las reinterpreta y, en este proceso, las revistas culturales desempeñan una función decisiva: actúan como puentes entre tradición y vanguardia, preservando voces históricas, abriendo al mismo tiempo su espacio a experimentaciones formales y temáticas.
Al publicar autores emergentes, en ascenso y consagrados, las revistas contribuyen a la circulación de discursos que configuran y enriquecen la identidad cultural, fomentando la diversidad y dejando en claro que la verdad no es monolítica y que las interpretaciones sobre la realidad son increíblemente variopintas.
¿Saben? Leer y escribir son prácticas que impactan directamente en la salud mental y social.
La literatura ofrece herramientas para nombrar el sufrimiento, elaborar pérdidas y construir sentido.
Estudios en psicología demuestran que la lectura narrativa facilita la regulación emocional y la construcción de empatía; la escritura ayuda a procesar traumas y a organizar la experiencia. Según los defensores de los derechos humanos, la literatura puede funcionar como “espacio de reparación” donde se ensayan narrativas para desarrollar la resiliencia.
Por si fuera poco, la experiencia estética —la contemplación poética, la identificación con personajes complejos— favorece la distancia reflexiva necesaria para resignificar problemas personales y sociales.
La literatura no solo es producto cultural aislado, rígido y jerárquico; es, siguiendo la propuesta de los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari, un rizoma que nutre a otras artes. Novelas, poemas y ensayos inspiran a cineastas, músicos, artistas plásticos, dramaturgos. La intertextualidad entre disciplinas enriquece al arte y multiplica las posibilidades expresivas, enriqueciéndonos a todas y todos.
La palabra literaria nombra lo invisible y propone metáforas que otros lenguajes visuales o sonoros traducen y expanden. La literatura es hermosa, aunque el tema que aborde no lo sea, porque es ese manejo intencional de la tecnología más preciada de la humanidad, que persigue la utilización excelsa de la herramienta, lo que permite que el lenguaje brote con claridad, evoque las sombras que nos hacen ser lo que somos, disparando miríadas de interpretaciones que enriquecen la existencia misma.
En este ecosistema las revistas literarias facilitan los cruces de géneros y colaboraciones interdisciplinarias que luego se diseminan en proyectos mayores. Son, por tanto, nodos de innovación cultural.
Y sí, leer no solo te hace “intelectual”, sino que leer es una pasión que colabora en tu calidad de vida, que te ayuda a construirte una buena vida en sentido aristotélico, donde toda emoción es una señal a ser escuchada y no una maldición a ser reprimida o un estado al que aferrarse. Con la literatura, las emociones son lentes a través de los cuales se puede observar la vida y aprender nuevas facetas antes ocultas y donde cada pensamiento se torna en idea para ser cuestionada, enriquecida, transformada, trascendida, cultivada o profundizada.
Las revistas literarias, pese a su modestia, son plataformas de visibilidad y diversidad. Publican ideas y formas que los circuitos comerciales ignoran; permiten el acceso a minorías y están abiertas a lo nuevo, por decisión propia.
- Son ágoras críticas. Las revistas sostienen la crítica cultural y política; son espacios donde se problematizan tendencias y se generan discusiones públicas que son vitales para la salud social.
- Producen innovación formal. Al no depender exclusivamente del mercado, las revistas culturales pueden arriesgarse en formatos, traducciones y cruces interartísticos.
- También forman lectores y redes. Fomentan prácticas lectoras, organizan encuentros y conectan a creadores con públicos, instituciones y otras publicaciones.
El sociólogo Pierre Bourdieu*3 subrayó que los campos culturales se sostienen por redes de instituciones pequeñas y medianas que reproducen capital simbólico; en ese entramado, las revistas son agentes productores de legitimidad y de circulación simbólica.
Su persistencia, aun en condiciones adversas, es un acto político: sostener pluralidad frente a la homogeneización cultural que impone el imperio de lo cibernético, es hoy más importante que nunca.
Letras Insomnes realiza una actividad de monumental importancia.
Hoy celebramos seis años de la existencia de Letras Insomnes, una revista que ha resistido, convocado y tejido comunidad.
Por eso, en este ensayo propongo pensar la literatura no como un lujo sino como una infraestructura social: un conjunto de prácticas que sostienen la convivencia, la memoria y la imaginación colectiva.
Letras Insomnes es la urdimbre y la trama sobre la que se teje la esperanza.
Porque la esperanza habita en la imaginación, la creatividad, el aliento que nos acerca como humanos y nos revela que somos complejos, oscuros y luminosos a la vez y que podemos vivir libres, fuera de la dictadura, sin la bota encima y sin la cabeza llenita de nada como resultado del escroleo sin fin.
La literatura nos enriquece porque, lejos de la simplicidad del binarismo que impera en el discurso de los medios y las redes sociales, nos pone frente a los ojos la paradoja de la existencia, la incertidumbre, las contradicciones que nos recorren.
Este nuevo número de la revista no solo celebra un lanzamiento más o un número: celebra encuentros, debates, descubrimientos y la persistencia de una comunidad que cree en la palabra como herramienta de convivencia.
Defender y nutrir estos proyectos es defender la posibilidad de imaginar otros mundos, de escuchar voces diversas y de sostener la salud de la sociedad. Que esta celebración sea también un llamado: a leer con más atención, a apoyar con más generosidad y a seguir haciendo de la revista un lugar donde la cultura se piensa, se disputa y se celebra.
Derrida sostuvo en su filosofía que no existe nada fuera del texto y por ello recorro las palabras que Diego Ruzzarin escribe inspirado en sus escritos:
¿Cómo describe uno la realidad? Con palabras.
¿Existe el pensamiento sin palabras?
¿El pensamiento depende de las palabras?
¿No será que tal vez el pensamiento se dé después y sólo después de las palabras?
¿No será que las palabras nos piensan a nosotros?
Si no podemos pensar la realidad sin las palabras, todo lo que existe está en el texto.
El texto es aquello que uno hace propio del colectivo de la cadena significante de las palabras.
Son esas piezas de Lego con las que tanto me gusta jugar con mis hijos.
Son elementos que pueden tener infinitos usos para darle sentido a nuestra percepción de la realidad.
Pensar en el lenguaje en sí es interesante.
Escribir me obliga a pensar en el acto de escribir y su diferencia con hablar o inclusive con pensar.
Los buenos textos exponen, se revelan, muestran la intimidad del que escribe, muestran sus secretos, sus ambiciones y deseos.
Las palabras salen de uno; uno puede tratar de taparse pero las palabras siempre muestran más de lo que queremos, así que prefiero mostrarme como soy. Con mis fallas y mis incoherencias, mis posturas controversiales con la furia y pasión que me definen.
Escribe algo hoy, para ti. Para desnudarte.
Lee para poder disfrutar el comprenderte y sentirte, para comprender y sentir la vida que late en otro, en los otros.
Por eso los invito a darse HOY un regalo:compren Letras Insomnes (https://letrasinsomnes) y hagan una colección de esta revista que, como árbol de vida, nos regala savia y sustento.
Gracias.
Este texto se leyó en la presentacion de la revista no. 5 de LETRAS INSOMNES, el 1o. de agosto de 2026.
Referencias:
1. Raymond Williams. (2023) La Larga Revolución. Ed. Verso Libros
2. Jacques Derrida. (1971)De la Gramatología. Ed. Siglo XXI
3. Pierre Bourdieu. (1990) Sociología y cultura. Ed. Grijalbo/Conaculta

Gabriela Monroy Calva inició su camino en la edición de libros científicos bajo la guía de Eduardo Lizalde, mientras se formaba en el taller de poesía de Carlos Illescas en Bellas Artes. Publicó poesía en la revista Gilgamesh y obtuvo una mención honorífica en el concurso internacional de literatura de La Guadalupana por su cuento, Antideprerico. También ha trabajado como guionista, en el que destaca el trabajo realizado en el programa cultural Aproximaciones, conducido por Juan José Arreola, que fue elegido como el mejor del año por Florence Toussaint de la revista Proceso, allá en los años ochenta.
Ha escrito columnas, artículos, reportajes, entrevistas, guiones, fichas y contenidos de divulgación y cédulas de exhibición científica para el Museo de La Luz, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y el Universum, también de la UNAM. Ha diseñado la estructura y contenido de software científico para médicos y dado capacitación durante diecisiete años a promotores, artistas y gestores culturales del país a través de CONACULTA.
Su experiencia abarca medios tradicionales y digitales: ha sido productora y realizadora en televisión, radio, prensa, entre otros. Uno de sus trabajos de investigación cultural fue publicado en un libro recopilatorio editado por la UNAM y la Plataforma Arte-Educación (PAE) y actualmente publica en redes y tiene un espacio en PATREON y en Substack, donde puedes seguir su ecléctico quehacer.
