Tonos rojizos

El café huele a tonos rojizos, pensó Lucía mientras absorbía el contenido de su taza de café “¿A qué olerán los tonos rojizos, a caoba o marrones?” En cada sorbo imaginaba nubes que la humeante bebida dejaba cada vez que movía su taza; el vapor hacía figuras como espectros, su imaginación volaba. En cada trago disfrutaba que su fantasía viajara hacia aquellos cuentos de terror en los que se aparecían esas figuras fantasmagóricas.

A Lucia le divertía pensar en todo lo que se puede crear con una taza de café humeante, transportándola a mundos de ensoñación que iniciaba con la frase: “El café huele a tonos rojizos” y con eso se desencadenó su imaginación.

Todas las tardes le gustaba sentarse en su sillón favorito, cerca de la ventana en donde podía ver su jardín y el árbol de encino que tanto le gustaba.

Una tarde de tantas, estaba sentada disfrutando del café y haciendo volar su creatividad; vio de pronto las figuras espectrales que ese día habían adquirido mayor proporción que de costumbre Salieron de la bebida y empezaron a arremolinarse alrededor de Lucía. Ella, sorprendida no sabía que pasaba y con cierto temor dejó la taza a un lado. Sin embargo, las nubes de vapor seguían haciendo torbellinos hasta envolverla en una gran nube.

Incorporándose y dejando el sillón caminó unos pasos dispersando las nubes con las manos, pero estas, cada vez eran más gruesas y empezaron a tornarse de color rojizo mezclado de un tono marrón. La chica no sabía que pasaba, quizá la bebida estaba muy caliente, Pero ¡No, estaba tan absorta que sin darse cuenta la taza se tambaleó casi a punto de derramar el líquido! Con gran destreza ella detuvo la taza, y el movimiento liberó a un duende hecho de vapor de café. Era un personaje de tamaño pequeño, con ojos grandes color marrón y todo el cuerpo rojizo.

Lucía, cada vez mas incrédula, se talló los ojos creyendo que todo era parte de una alucinación, hasta que el duende le habló carraspeando y diciéndole: “Oye ¿Quién te crees que eres que puedes estar absorbiendo mi energía en cada sorbo que le das a tu café?”  Nuestra amiga cada vez más confundida balbuceo y con voz tímida le preguntó. “¿Quién eres tú, y que haces aquí? “A lo que el diminuto personaje le dijo con voz muy seria!: ”No, tú eres la que me invades cada tarde, mi forma, mi esencia, todo te lo tomas”. Ella ofreciéndole una disculpa, le dijo: “Es que me gusta mucho el café y jamás imaginé que ésta fuera tu casa”

El sonrío y en tono más amable le sugirió que mejor tomara té. A lo que Lucía pensó ”¿Pero éste como se atreve a decirme lo que debo tomar?“ Y decidió darle la revancha. Así que corrió hacia la taza y glu, glu glu glu, de un sorbo grande se tomó todo el café con todo y el gruñón.  Al asomarse hasta el fondo de la taza, alcanzó a ver los piecitos de éste que gritando como loco y amenazándola le dijo

“¡Ahora, por eso cada vez que me tomes se te quitará el sueño toda la noche! ¡No dormirás! “ y desapareció.

De pronto, la luz del atardecer y el calor despertaron a Lucía., que se había quedado dormida en el sofá soñando con este pequeño ser salido de la humeante taza de café. Esa fue la última vez que disfrutó de esa estimulante y rica bebida. Ya no quería saber de duendes rojizos con ojos marrones reclamando por su casa. Así que decidió empezar a tomar té, muy a su pesar.

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