Oruga

Lamento los días que he pasado observando al capullo en el jardín,
prendido de una hoja de abedul ahora seca.
Pero es que deberías ver el nombre delineado por sus hilos,
un carácter de espiral que baja y baja, y en el origen es un negro
azul donde hay un ojo.

Lo vi y tuve que verlo siempre.

Una oruga vestida de terciopelo, sus convulsiones aferradas
en dos hebras, la hoja tierna envuelta de rocío.

Vi el dolor en aquel no-rostro,
un cuerpo tan pequeño detiene el mundo por instantes,
una pupa viscosa a la que no le interesa mi mirada
ni los huracanes de septiembre
ni la hoja caída
(o las mudanzas o los sismos o la marabunta que acabó con el árbol pero que no pudo con la hoja porque era un cristal muy seco).

No le interesan las especies que han desaparecido, ni los morlocks, ni la vida,
ni yo, que aguardo por ella cada tanto.
Se gesta ahí nuestro universo, supongo,
tan tierno, tan ansioso de nacer de nuevo.

2 comentarios

  1. Felicitaciones al poeta Pavel. Sus metáforas inspiradoras, transportan al mundo imaginario de una pupa, mariposa quieta que sueña el momento de expandir las alas y besar al viento.

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