La gallina de plumas solferinas,
atadas las alas con listones
hechos de luces de la mañana,
la llevan ante el juez.
Este era un pavo albino, con estola blanca
de lana de ovejas vírgenes,
y lleva en su ala derecha transparente,
un mazo azul de madera de onix.
A la gallina solferina la juzgan
porque el gallo de cresta dorada y plumas cobrizas,
la acusa por su desatinada obsesión
de poner sus huevos marrón
sobre nubes de algodón de azúcar,
y los huevos marrones se convertían
en turrones de Málaga y no se podían empollar.
La testigo del gallo de cresta dorada,
una gallina libertina de plumas rojas ataviadas con pequeños moños,
vista en horas difíciles de enmarcar en un gallinero ordenado,
no acudió al tribunal a declarar.
La gallina libertina de plumas rojas ataviadas con pequeños moños
y vista en horas difíciles, no fue a declarar, porque la gallina solferina
era su amiga y no quería perder su amistad.
El fiscal, un burro con muchos estudios,
argumentó la desfachatez de la gallina solferina,
ir a poner los huevos a las nubes de algodón de azúcar,
estando en el gallinero, la paja dorada hecha de rayos de sol.
El abogado de la gallina solferina, una tierna paloma recién titulada
del Colegio de Abogados de la Torre del Reloj
del Zócalo del pueblo de la Reyna ELA, argumentó,
qué la gallina solferina con sus huevos marrones
convertidos en turrones de Málaga, alimentaba a los niños
del zócalo del pueblo de la Reyna ELA y los hacía muy felices.
En este pueblo, de la Reyna ELA, no había jurado,
éste era por demás, ya que los pobladores del Reyno de ELA
no deseaban cosa mejor, que el gallo de cresta dorada y plumas cobrisas,
entendiera la noble misión de la gallina de plumas solferinas,
de dar alegría a los niños con sus huevos marrones convertidos en
turrones de Malaga.
El juez pavo albino, con estola blanca de lana de ovejas vírgenes,
dictaminó la sentencia, dando con el mazo de madera de onix sobre
el púlpito de mármol rosa :
La gallina solferina, iría a poner a las nubes de algodón de azúcar,
sus huevos marrón, los domingo al amanecer, con el canto del gallo y
los primero rayos del sol; y entre semana, dos días, martes y miércoles,
pondría sus huevos en el pajar dorado de rayos de sol, para estos empollarlos.
El gallo de cresta dorada y plumas cobrizas, muy enojado,
se desterró de la granja del pueblo de la Reyna ELA,
tomo sus cosas en un atillo, caminó encorvado y se fue,
entre pasos y vuelos turbados y cantos roncos, de la granja.
Su canto ronco y melancólico, se oye por las mañanas,
tardes y noches y todos los días, con ritmo de maracana,
a lo lejos del Reyno de ELA y en el el último día de la semana,
en domingo, en el zócalo del pueblo de la reyna ELA,
los niños son felices con los turrones de Malaga.

Soy María Alejandra Paz Gutiérrez, morelense de corazón y oriunda del Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Inicie mi camino por la escritura a los 17 años, en la lejanía de un país extraño y con la seguridad de que me acercaba así a mi hogar. No es, sino hasta hace siete años, que escribo con la guía de diferentes talleres, tomados con insistencia y descubrir que las palabras son buenas compañeras. Mi alma tiene 69 años, y sigue guardando la inquietud de los 17.
