6 años de Letras Insomnes

Han pasado seis años desde el Día Cero (cero textos escritos, cero autores buscando vender sus libros, cero personas aburridas en las presentaciones de estos). Después de la catástrofe que terminó con la vida como la conocíamos, un grupo de párvulos de la literatura se adueñó de los libros que sobrevivieron y se reúnen a escondidas entre los escombros de cualquier edificio viejo. A escondidas es un decir porque los sobrevivientes se han ido uniendo poco a poco a sus filas. Sin membresía, sin tarjeta de afiliación, sólo basta decir que te gustan sus textos, llevas el tuyo para ser criticado o, en el peor de los casos, a que te pidan que lo reescribas y con eso ya eres uno de ellos.
Primero fueron seis, ahora no se tiene del dato exacto. Sus actividades giran en torno al número seis. Hay una fijación por este. Se reúnen los días 6 de cada mes y siempre en grupos de seis. Parece que les recuerda cuando se podía ir al supermercado a comprar huevos (y ahora ya ni tienen, porque nadie cría gallinas) y se vendían por docena o media docena o cuando se laboraban seis jornadas a la semana para honrar el famoso sexto día. Algunas imágenes muestran a estos individuos descansando el séptimo día porque en la semana se dedicaron a crear mundos. A las seis de la mañana se levantan de la silla, sillón o suelo para irse a dormir luego de haber escrito seis páginas; a las 6 p.m. se despiertan para ir a comer. Vuelven a la rutina. En esta época no hay mucho por hacer.
Dormir poco o ser noctámbulos es requisito indispensable para pertenecer a la agrupación. Se habla de que se han ido dividiendo en grupos más pequeños. Algunos testigos aseguran que hay una facción radical, casi clan, casi hermandad, casi secta. Los testigos aseguran que el triple seis es el símbolo de ese grupo secreto dentro de los Insomnes. No crea el lector que estos individuos hacen cosas demoníacas, es porque sus textos no tienen la perfección del siete y pues el seis los representa más que bien, según sus propias afirmaciones.
Otro símbolo para identificar a los Insomnes y unirse a ellos es mediante novatadas donde deben pasar diferentes pruebas. Las más creativas incluyen farmear aura como si fueran escritores famosos ganando los Juegos Florales de Cuernavaca. Los de la facción del Cuervo posan como si fueran algún personaje de Poe con todo y ojeras. La facción de la Décima Musa no quiso hacer comentarios por creer que los hombres son muy necios y las mujeres no ponen belleza en su entendimiento. La Facción del Vocho Amarillo suele identificarse por usar sombrero y raparse el cabello; mientras que la Facción de Pavesas suele ser la más crítica al momento de leer a los demás. El resto les teme y no quieren escuchar sus comentarios en las reuniones mensuales.
Los que más soltaron prenda fueron los lenguados, lenguarenses o lenguadiableños. Ni ellos mismos se ponen de acuerdo en cómo se les debe llamar. Insistieron que se están preparando para el fin completo de los tiempos. Unos creen que van a ser abducidos; otros, que podrán pactar con su alma por la inmortalidad; los otros, sueñan con que sus libros se volverán best sellers y ganarán premios; unos cuantos se dedican a pintar exvotos en casas abandonadas.
Cada facción de Letras Insomnes es liderada por Darkángel, Pavlovich, Luisito (no el de comunica) y el Señor del sombrero (no el que vende pan). Los cuatro se reúnen para crear proyectos, para vender sus propios libros entre ellos (cuando logran armarlos con hojas recicladas) o para hacer algún ritual que les permita a todos volver a dormir, aunque ahora su realidad es el insomnio y no saben cuándo despertar. ¿O era dormir?
Hasta aquí mi reporte, Joaquín (no Guzmán, no Pardavé, no Dóriga).

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