Mujeres y otros poemas

MUJERES

Mujeres que han visto caballos corriendo por el monte.

Mujeres como pueblos lejanos, nevados por todas partes.

Mujeres que atesoran grandes baúles, un puñado de fotografías

y cosas que no dicen.

Mujeres que reciben cartas y que en sus pesadillas caminan

desde siempre. Mujeres

que desean olvidar casas saqueadas

y se emocionan

recordando dos o tres animales a los que habían puesto nombre.

Mujeres de largos silencios

que saben escuchar los sueños y volver al silencio.

Mujeres que ríen al hacer una tortilla.

Mujeres que caen y se levantan.

Mujeres que dan los buenos días al canto de los pájaros.

.

HABLAMOS DE IRNOS

Hablábamos de irnos

mientras el viento nos acariciaba el rostro.

Hablábamos de irnos

tratando de ignorar grietas de nuestro cerebro

que no permiten un canto de ruptura.

Hablábamos de irnos, mientras el viento se desordenaba

en un verde baile de hojas.

Era como un mantra de aviones y trenes

a los que nunca subíamos.

Era como armar un diccionario de ciudades

y fronteras a la espera.

Hablábamos de irnos,

hasta que un griterío de pájaros mecánicos

jugó a llevarnos lejos,

hacia vacíos clandestinos donde ya no se escuchaba

ese compás

de música en los toldos, donde sólo deseábamos

que alguien se acostara a nuestro lado hasta que llegara el alba.

                                                   A Lucrecia Maldonado

.

Del poemario: Fuera del reino

*

Esta noche miraré Orión desde un retrovisor roto

y el tono de mi vida habrá cambiado.

Habré dejado atrás a mis hermanos vivos en los charcos del mundo

y adoptado una mirada que borra.

Por la mañana cuando resuenen las noticias

dirán que los cometas se caen de tristeza, que nos civilizamos.

Y yo seguiré cruzando una ciudad desierta

(recordando lo que quisimos ser)

y me detendré en medio de una calle cualquiera

preguntándome

por qué me siento insegura en un país tan ordenado

por qué aún ardes en mi memoria.

*

Hay quienes se despiden en los muelles sin voltear la cabeza.

Saben que la noche existe.

Tienen miles de remaches en sus esqueletos

pero en el centro solo hay uno fijando la unión.

Ya no trazan mapas en el aire.

Esquivan las estructuras de los puentes

y gustan de quedar inmortalizados en cualquier simple acuarela

pintada por un niño.

Son como buzones abandonados.

Guardan multas por detenerse a descansar en las banquinas.

Se reconocen porque resbala la lluvia por su piel.

Son lúcidos como estrellas y gustan de sentir sus manos vivas

por la frescura de la nieve.

Del poemario: Historias Mínimas

I

                 Una estampida que nos pone en pie,

                 un hilo que se rompe,

(a veces nada)

y esa certeza que nadie verbaliza

de que la libertad no es solo un sueño,

de que la libertad está ahí:

en el fondo del ser,

en la tierra que no hemos pisado.

III

Sembré de migas el sendero,

aunque nadie fuera a seguir mis pasos

ni yo quisiera retornar.

Tal vez miré hacia atrás

y me llegaron oleadas de tristeza,

pero aún no sé por qué

estoy aquí, de pie,

a solas con la vida.

.

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