Evanescente

“Mi cuerpo es una jaula

que me aleja de bailar con quien amo

pero mi mente guarda la llave

…vivo en una época

que le llama luz a la oscuridad”

                                                                                               My body is a cage, Arcade Fire

Lorena amaba aquél efecto de resistencia, ese cosquilleo que le recorría desde la nuca hasta los pies. Era una lucha consigo misma que terminaba en el desprendimiento de su cuerpo. La esencia de plasma se proyectaba en la habitación en forma de luz.

Un conteo hasta diez era lo que necesitaba para ver desde las alturas: la cama impecable, el viejo buró con el marco de madera vacío y su querido cuaderno de notas en donde registraba cada detalle de los viajes, el espejo del tocador con manchas de figuras fantasmales que le devolvía la imagen inerte de sí misma.

Le gustaba contemplar las comisuras de sus imperfectos labios, el pecho elevándose en cada respiro y los párpados bailoteando en sueños sobre lo que extrañaría en la Tierra. Adoraba sentirse como un copo de nieve en el inconmensurable valle de la nada, surcando el universo al ritmo de un resuello lento. Al final, se fragmentaba como polvo estelar esparciéndose en pequeñísimos diamantes.

Súbitamente le llegaba el picor de la adrenalina anidado en su abdomen etéreo. Era la señal de regreso a la realidad. Lorena viajaba a la velocidad del sonido para encontrarse con su cuerpo. La succión le daba vértigo, a veces hasta hacerla vomitar.

Despertó con los ladridos de perro que había configurado como alarma todas las mañanas a las cinco.

Se duchó con desgano, desayunó un pan que mostraba signos de vida y un café tan insípido como su aspecto, insulso como la ropa que traía y el día que comenzaba. Caminó hasta la puerta arrastrando su bolso, contempló el frasco de antidepresivos sin abrir que estaba en la mesita de la entrada, tenía sobrepuesta una etiqueta que decía “tómame”, Lorena le dijo adiós con la mano y salió.

Llevaba años perfeccionando la travesía. Tenía la certeza de que el cosmos le acogería de una vez por todas. Quizá esta noche podría fundirse definitivamente con él.

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