Gel de manos
Desde que tenía memoria, Lázaro no resistía a las personas que saludaban toqueteándolo a uno. Eso le encendía la sangre. En pocas ocasiones, lograba reprimir una mueca de asco si alguien, después de ofrecer los corteses “buenos días”, “buenas tardes”, o un simple “qué tal”, añadía el elemento táctil. LoCuéntame más…


