Tu nombre florece en noviembre

Tu nombre florece en noviembre
a la luz de la luna de otoño
en el aroma del cempasúchil
en la escritura sutil del copal.

Tu nombre recorre distancias
cruza la eternidad sin rasgarse.

Tu nombre se mece en la brisa,
resuena ingrávido en ánforas de agua,
se desliza entre pétalos vibrantes
donde la luz y el silencio convergen.

En cada sombra
hay un eco que dice tu nombre.

Tu memoria indemne retorna
se entrelaza en los hilos del instante,
en el silencio ondulante de otoño,
en la quietud que noviembre resguarda.

Caminas lento por senderos
de luz y de silencio

En esta noche de velas y flores
tu recuerdo se vuelve presencia
en el susurro danzante del tiempo,
en el temblor de la llama encendida.

Todo te nombra, en un mundo silente
sin lágrimas, sin distancia, sin muerte.

En el altar tu recuerdo florece
tu mirada, en la flama de la vela
en cada fruta madura, tu aroma,
y en cada rezo, tu latido.

Nada te borra, ni la ausencia
ni el polvo, ni el olvido.

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