Flor Smarara y el hijo del colibrí

No olvido aquella noche del 2 de octubre del 2002.
Llegué a esta tierra ancestral y, en la semioscuridad de una fiesta, se me apareció Ella. Me subyugó su mirada de Lapanit, su piel Smarara (nombre del color que sólo existe en la tez de la mujer totonaca), su embriagante olor a Xanath, su corazón de Stakuluwa, su alma de Tajín.
Grabar en el jade que me enamoré es justo, pero es una descripción pálida de lo que me ocurrió: más allá de un furor heroico, me transfiguré, renací, arraigó en mí el anhelo de advenir tutunakú, de pertenecer a la Matria de los tres corazones.
Aún no lo sabía, pero el deseo intenso de conocerla, sentirla y fundirme con Ella se convirtió también en el deseo de conocer, sentir y fundirme con su pueblo.
Ella es un microcosmos infinito que se despliega, un espejo que respira, una sinécdoque de la tierra y la cultura totonaca. Ella y Papantla son kinkachikín.
Ella es mi amante y mi amada, fuego y agua, mano y semilla, camino y paz.
Es por su voz y por sus ojos que me establecí en esta tierra sagrada.
Como una incontenible reacción en cadena, mi amor por Ella y mi amor por el Totonacapan se realimentan.
Papantla me hace volar, porque en Flor Smarara aletea la chachalaca que con su canto alegre anuncia el amanecer de una fiesta.
Papantla me hace volar, porque en Flor Smarara aletean las plumas negras y amarillas del papán real, ave sagrada que nos enseña a construir el nido.
Papantla me hace volar, porque en Flor Smarara aletea Xpipilekg, la que bebe miel, la que con sus alas pequeñas atraviesa el cielo.
Papantla me hace volar, porque en Flor Smarara aletea el maestro que metamorfosea la madera, el gran Chaakan de cresta roja.
—¿En qué piensas? ¡No te vayas a quemar los dedos! —me alerta Paty, kintachat, mi totonaquita.
Tomo tres granos marrones del comal caliente. Los descascaro. Es una ocasión especial. Moleremos cacao. Observo las llamas azules y rojas que todo lo transforman.
Papantla me hace soñar, porque en Flor Smarara respira Xtan, quien bajó al Kgalhinín para traer el fuego sagrado.
Papantla me hace soñar, porque en Flor Smarara respira Patokgtokg, quien con su canto anuncia el nacimiento de Chichiní.
Papantla me hace soñar, porque en Flor Smarara respira Tukay, quien tejió el cosmos y es maestra de todos los que de alguna manera tejen.
Papantla me hace soñar, porque en Flor Smarara respira Jukiluwa, a quien le nacen alas y nos da de comer.
Paty introduce la canela y las semillas de cacao en la boca del molino.
—Dale vuelta —me dice Ella y sonríe.
—Échale azúcar, papá —me piden kinkamán.
De los frutos de la tierra y el trabajo del hombre surge un aroma nuevo.
Papantla me hace gozar, porque en Flor Smarara nace el perfume del cosmos, la dulce vainilla, la princesa que se convirtió en flor.
Papantla me hace gozar, porque en Flor Smarara nace el abuelo cedro, la madre ceiba y el chanacol de pestañas rosas.
Papantla me hace gozar, porque en Flor Smarara nace el zapote cabello, la pagua, el chalahuite, el chiltepín y el liliaque.
Papantla me hace gozar, porque en Flor Smarara nace el café de la sierra que, como un beso, excita la sangre.
Paty le sube a la música y mi corazón se vuelve mar al son de estos versos: “tierra de los santiagueros, y de los huahuas y negros, tierra de ropajes blancos y cuerpos morenos […]. Así es mi pueblo querido, entre el volador y el Tajín, donde se vive tranquilo y se vive feliz”.
Papantla me hace bailar, porque en Flor Smarara viven los negritos, quienes con su zapateado hipnótico vencen a la serpiente.
Papantla me hace bailar, porque en Flor Smarara viven los huahuas, quienes con sus penachos coloridos giran sin miedo en la rueda cósmica.
Papantla me hace bailar, porque en Flor Smarara vive el Matarachín, quien con su cuerpo de gusano y sus dos cabezas representa el encuentro entre la oscuridad y la luz.
Papantla me hace bailar, porque en Flor Smarara viven los voladores, quienes con su ascenso y descenso solar fertilizan la tierra.
El cacao está listo. Todos se acercan para hacer figuritas. Tsiyuna moldea un hombre, los niños hacen estrellas, palomas, canastitas. Ella forma una flor y yo un colibrí.
Papantla me hace crear, porque en Flor Smarara conspiran los antiguos alfareros que modelaron los diosecitos y las caritas sonrientes.
Papantla me hace crear, porque en Flor Smarara conspiran las mujeres y los hombres que construyeron Tajín, la ciudad del Trueno.
Papantla me hace crear, porque en Flor Smarara conspira Lázara Meldiú, quien con versos revolucionarios eternizó nuestra historia.
Papantla me hace crear, porque en Flor Smarara conspira el inmortal Teodoro Cano, quien dio vida a la piedra y forma al color.
—¡Roberto!, ¡ayúdame a bajar la vaporera de los tamales! —me llama kimawiná.
—¡Voy! —respondo y sonrió mientras miro a mis pequeñitos jugar atrapadas con sus primos.
Papantla me hace inmortal, porque Flor Smarara prepara con sus manos los tamales de cuchara que pican y huelen a vida.
Papantla me hace inmortal, porque Flor Smarara prepara con sus manos el zacahuil de maíz sagrado que sabe a domingo.
Papantla me hace inmortal, porque Flor Smarara prepara con sus manos el mole de chawilá que invita a bailar.
Papantla me hace inmortal, porque Flor Smarara prepara con sus manos el color y el sabor propios del xkutakgela que remansa.
Es Ninín, celebración que en otros lugares llaman Todos Santos o Día de muertos. Amo estas fechas porque, aunque sea por un rato nomás, todos volvemos a estar juntos. Miro la foto de mi padre en el altar. Un colibrí de alas azules, violetas y verdes se posa en el borde de una taza de cacao. No me preguntes cómo lo sé, pero mi corazón abraza la certeza de que Jun es kintikú que ha venido a visitarme.

Glosario

  • Chaakan. – Pájaro carpintero.
  • Chawilá. – Guajolote.
  • Chichiní. – Sol.
  • Jun. – Colibrí.
  • Kgalhinín. – Inframundo.
  • Kimawiná. – Mi esposa, quien me alimenta.
  • Kinkachikín. – Mi casa, mi pueblo.
  • Kinkamán. – Mis hijos.
  • Kintachat. – Mi esposa.
  • Kintikú. – Mi padre.
  • Jukiluwa. – Serpiente venado, mazacuata.
  • Lapanit. – Jaguar.
  • Matarachín. – Personaje de la danza de los huehues.
  • Ninín. – Los que no han muerto.
  • Patokgtokg. – Primavera, mirlo.
  • Smarara. – Morena.
  • Stakuluwa. – Serpiente estrella.
  • Tajín. – Dios del trueno y también nombre de la ciudad prehispánica.
  • Tsiyuna. – Abuela.
  • Tukay. – Araña.
  • Tutunakú. – Totonaco, tres corazones.
  • Xanath. – Flor, vainilla.
  • Xpipilekg. – Mariposa.
  • Xkutakgela. – Atole agrio, atole morado.
  • Xtan. – Tlacuache.

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