El rigor de los talleres literarios. Entrevista con Eliana Albala

Eliana Albala (Temuco, Chile, 1929) es poeta, profesora, narradora y ensayista. Se tituló de profesora de castellano en la Universidad de Chile y como doctora en literatura. Llegó a México en 1974 durante el sexenio de Luis Echeverría. Ese año se exilió en la Ciudad de México, donde impartió la cátedra de Literatura y Sociedad de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fue miembro de la Academia Chilena de la Lengua en México. Fue profesora de la materia de “Literatura y Sociedad” en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y de “Análisis Literario” en la UAEM de manera intercalada durante más de tres décadas. Impartió clases de actualización para maestros y coloquios didácticos en la UNAM. Publicó poesía, ensayos, narraciones, entrevistas, artículos, críticas y reseñas en importantes revistas y periódicos. También ha escrito cuentos infantiles y una novela juvenil. Ha sido publicada por la UNAM, la Universidad de Costa Rica y por la Universidad de Chile.  Dedicada a la docencia durante muchos años en Morelos (UAEM, CIDHEM, UNAM…), fue una de las pioneras de los talleres literarios de Morelos, tema que aborda en esta entrevista. Eliana se despidió del mundo el 11 de abril de este año.

¿En qué año llegó a Cuernavaca?

En 1974.

¿Cómo se adaptó a este país?

Al principio tuve las dificultades normales. Pero estaba muy contenta de estar aquí. Me di cuenta de que en este país había un poco de anti extranjerismo, pero eso a nivel de persona, de cultura. Y como siempre anduve en círculos altos nunca sentí un rechazo.   

¿Qué recuerda del auge de los talleres literarios en Morelos, nombres como Susana Mendoza, Héctor Gally, Raúl Mocada y Hernán Lara Zavala?

A todos los conocí. Susana acaba de morir y tenía mucho éxito con sus talleres. Moncada hacía obras de teatro con mucho éxito. A Gally más bien lo conocí de tercera mano. Hernán Lara Zavala es mi gran amigo. 

En algún momento Luis Francisco Acosta comentó que Poli Délano y usted realizaron algunos de los primeros talleres literarios en Morelos…

No, el pionero fue Poli.

-¿Pero estaban apoyados por el Issste?

El Issste me contrató en los 80. Y sí, di unos talleres casi cuando recién llegué y los abandoné muy pronto. La gente traía muchas cosas que no eran de mi gusto. Entonces les propuse que no leyeran ellos sino que leyéramos nosotros a autores importantes, entonces alguien dijo: “cómo vamos a leer, ¿y si nos contagiamos?”.  Otra de sus propuestas fue suspender el taller para darles unas clasesitas “para que hagamos las cosas mejor”. Nos dijeron que no porque esto es un taller, no un colegio. No me permitieron hacer ninguna de las dos cosas. Preferían seguir con sus textos de mala calidad guardados en un cajón y los iban sacando, sin ningún valor literario, ¿para qué iban a leer a un buen autor cuando se podían contagiar?

¿Esto era en el IRBAC -Instituto Regional de Bellas Artes-?

Así es, ahí el maestro Raúl Moncada armó un teatro pequeño. También rentaban la Casa Azul, que está en la calle de Arista de Cuernavaca. Ahora la Casa Azul es un hotel, pero antes era una casa cultural que era de Bellas Artes, había presentaciones de libros y había un ambiente muy bonito ahí. Lo dirigía el maestro Carlos de la Sierra, el cantante. 

¿Cómo empezó a dar talleres literarios independientes en Cuernavaca?

Cuando vi que la gente no quería hacer lo que yo proponía, para los talleres independientes opté por una clase-taller. No trabajar en lo que a ti te dé la gana, sino siempre trabajar sobre algo planeado.

¿Siempre ha tenido esta metodología de usar una antología preparada para el taller?

Sí. La gente a la que les dejaba tareas, de lo que aprendían, era de la tarea. No era algo que te sale de la manga y no sabes qué contestar, si está bien o si está mal. Nunca estuve de acuerdo con los talleres sueltos, así no, porque cada quien aparece con lo que sea…

Con un poema, con un ensayo…

Les proponía: vamos a leer a tal autor y después vamos a imitar tal cosa. Entonces a las primeras personas a las que se los propuse les dije que contagiarse de esos autores era fantástico.

¿Con quiénes entabló amistad entre los talleristas?

Moncada era muy amigo de mi marido, de la misma edad. Poli Délano era mi compatriota. De Gally fui amiga un tiempo, él me invitaba a su casa. Hernán Lara era mi gran amigo.

¿Qué escribía cuando llegó a Cuernavaca?

Escribía poesía, me publicaron un libro de poemas. Es un libro que se llama El otro lado de las cosas vivas, que obtuvo un premio en Costa Rica. Ese fue antes de Los que nos fuimos sin las cosas. El maestro Chao Barona publicó mi primer libro chileno Los ríos, El otro lado de las cosas vivas y Los que nos fuimos sin las cosas en un solo volumen.  El maestro Chao que ya falleció.

¿Hay alguna diferencia entre los talleres del pasado y los del presente, tiene conocimiento de cómo trabajan los talleres actuales?

Hacen lo mismo que hacía Susana, lo mismo que hacía Poli con una modalidad nueva. Él daba tareas colectivas, y lo hacía con una misma temática, Poli era un poco distinto. Susana tenía mucha paciencia de ir siempre convirtiendo las frases, se trata de dar herramientas para que cada quien haga un trabajo solitario, no para que te lo esté haciendo yo.

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