Hay una canción que me hace falta…
Habla del viento que sopla entre los cabellos
de un vaho cuerpo sobre las rocas
brillo de ojos oscurecido
unas manos que ya no tocan
voz que no habla
una ilusión
muchas:
perdidas
extraviadas
asesinadas
Todo desaparecido.
Yo me sumo al canto y sin motivo
Y eso me llena de regocijo: tú estás
Y al mismo tiempo se me quiebra la voz
Y tiemblo…
Yo te tengo
Y no es lo mismo
Pero el sentir es casi igual.
Asusta pensar que las rarezas tocan el borde del cuerpo
que desconocen el origen
que pisan suelos arcillosos
cual arena expuesta al sol en los trópicos ecuatoriales.
Búsqueda infructuosa:
siguen ciegos los ojos
las bocas enmudecidas
los pies perdidos.
¿Dónde has estado todo este tiempo?
Tiempo nublado que habla de tormentas que no llegan,
tiempo de espera, de plantas regadas en demasía, más amarillentas que verdes, sus tallos flojos desvanecen, sus hojas esperan la venida del sol que las reseque.
Mujeres censuradas
escondidas entre montes
queriendo hablar y ser escuchadas
por las flores
por las piedras
y las aves
Entre los reptiles con ferocidad disimulada
sus cuerpos aún vibran al acecho de la capa violácea del atardecer.
Porque fue un desmayo, un desvanecimiento suave y sutil, un ensueño como el que provoca el sonido del agua cayendo, que gotea siempre al mismo ritmo.
Las escucho
y escucho su canto enardecido:
La oscuridad no es eterna…
Era de noche y no la mejor hora. Ahora ha amanecido.
Somos niebla esparcida, que encuentra bocas de pico y de tráquea, de esponjas y branquias. Trepamos por las puntas de las hojas, por los frutos, lamemos la piel de la rana, jugamos a salir y a entrar entre las escamas del reptil, y humedecemos el pelo de la musaraña.
¡Renaceremos luego de tocarlo todo!
Exploten sílabas salgan del encierro, es el día de la rebelión
Corramos los caminos de arcilla enmohecida
desempolvemos las banquetas
decoremos las ventanas
trepemos por las azoteas para gritar consignas
cantar corrillos, sudar la gota gorda.

Contadora de historias de lo cotidiano a lo inverosímil. Observadora obsesiva de la vida, sus fantasmas, su belleza decadente siempre en pugna y su resplandor. Egresada de la Escuela de Escritores Ricardo Garibay. Participante del taller de poesía “El Ciruelo” de Kenia Cano. Cuentos publicados: El cuerpo jubilado, en Nagari revista, letras bajo el volcán. Un Sábado, en Así vas a morir, la máquina de la muerte, por Lengua de diablo. El Pesebre, en la antología Navidades Paralelas, por Lengua de diablo. Alimañas, en Bajo la tela de la araña, cuento juvenil, editorial Momo. Barullo, en Registro Sonoro y otros cuentos de terror por la Fauna y Lengua de diablo. Participante en la antología de cuentos Mundos inventados, y en la antología narrativa Los lunáticos no opusieron resistencia publicadas por la Escuela de Escritores Ricardo Garibay.
