Cuando los demonios atormentaban la tierra, nuestros ancestros vieron que provenían de las cavernas en los montes, antesala del inframundo. Las Diosas se apiadaron de la vulnerabilidad humana; tallaron en roca con su dedo divino, una protección contra ellos en un lenguaje celestial que ya nadie recuerda.
Antigua leyenda de las piedras de Santa Cruz Teyotlán.
Doy gracias a la Santa Cruz por haberme librado de la furia del bastón de la Bertita, ya no vuelvo a ir pal’ cerro a escondidas.
Mercedes Espinoza, 31 de diciembre de 2018.
Exvoto de Santa Cruz Teyotlán
—Se te va a aparecer la ruca, te va a cortar la cabeza y la va a poner a hervir en pozole.
—Dice mi papá que eso les pasa a los hijos de los que ella, ya se llevó.
Los compañeros de Flavio llevaban semanas asustándolo con historias de la Bertita. Andaba pálido y nervioso todo el tiempo, no quería comer. Un día, Lucía, su madre lo llevó a curar de espanto, y de paso de empacho. Doña Sacramento, la yerbera tenía una fila de espera muy larga afuera de su casa, así que fueron con Anselmo, el hijo mayor de ésta y que vivía del otro lado del poblado. Creyó que después de todo, entre hombres se entenderían mejor.
Mientras rezaba, las manos cuarteadas del hombre acercaban los humos de copal por el cuerpo del niño. Enseguida tomó dos frascos y mezcló una pequeña cantidad de su contenido, un olor a alcanfor inundó el espacio. Frotó el líquido ámbar en el estómago abultado del muchacho. Luego le pidió a Lucía que le alcanzara los dos botes grandes de plástico de la gaveta, mientras recostaba boca abajo a Flavio, sobre un catre. Tomó un poco del que tenía la etiqueta “espíritus de untar” y se lo puso en las articulaciones. Comenzó a amasar la piel de la espalda levantándola en un rollo que lo hacía gesticular. Después le pidió a la mujer que trajera de la estufa, el pocillo con té de hierbabuena. —Échele un chorrito del que dice “espíritus de tomar” y déselo.
Lucía le pidió a su hijo que se sentara para que pudiera beber el remedio.
—Mijo, hay que estar en paz con Dios y con el Diablo. Ya estás grandecito para entender la pintura, ésa que tanto te andan mentando en la escuela —le decía Lucía al niño que hacía gestos a cada trago—, te voy a contar bien la historia pa’ que los chamacos no te anden inventando cosas y la aparición no te agarre desprevenido.
Se santiguó cuatro veces frenéticamente. —Don Epigenio, el retrablero pintó el último cuadrito que cupo en el muro de agradecimientos que está afuera de la parroquia. Fue encargo de mi comadre Mechita.
—Se dice exvoto, doña Lucía —interrumpió Anselmo—.
—Sí pues, el padrecito no se lo quiso recibir en un principio porque atrás de la tabla había unos dibujos que no entendía. Mechita, oséase doña Mercedes, le explicó al nuevo sacerdote que la costumbre manda dar gracias por los milagros otorgados por la Santa Cruz, y era necesario poner los garabatos de protección contra la Bertita, porque si ella hacía su visitación el día de los santos inocentes y no estaban los signos que la espantan, se lleva a todo el que puede… y agarra parejo.
Me acuerdo que Mercedes era muy bonita. Yo quería ser como ella, pero la Bertita, le robó la juventud a la canija. Sobrevivió de milagro, aunque quedó como ida… el infeliz de tu padre no tuvo tanta suerte.
—Cuentan que hay varios casos así —dijo Anselmo entusiasmado con la plática, después de todo, muy poca gente lo iba a consultar—. Pero el anterior padrecito mandó quitar una montón de exvotos porque no creía en la Bertita por eso ella se lo llevó, bueno nomás la cabeza porque sólo encontramos el cuerpo decapitado—.
Lucía abrió los ojos como platos y le hizo la seña de que se callara.
—Está viendo y no ve, don. Ha de querer más centavos pa’ quitarle el susto al niño.
Pero yo te cuido mijo, —le dijo cariñosamente mientras le sobaba los hombros—.
Y por eso quemamos un atado de hojas de laurel con un listón rojo, en todas las casas.
—‘Ora… sahumerio, se le dice.
—Y lo bendecimos a escondidas en la misa de Nochebuena. Ya ves que el ojo de agua que nace en las piedrotas tapadas de la capilla, es milagroso. Eso para repelerla, pero además teníamos que pintar los símbolos que nos dejaron las gentes antiguas, como un amuleto para que ella no se acercara.
A ver si es cierto que es sabio don Anselmo, ¿qué son esos signos?
—Pues quién sabe, ya son muy desde antes, nadie del pueblo se acuerda, pero los usamos de todos modos a escondidas del sacerdote en turno.
La madre se puso frente al niño, quien comenzaba a sudar por “la sobada” recibida.
—Oye bien muchacho, vas reconocer enseguida a la Bertita, tiene cabellos blancos y largos, lleva un rebozo negro y su vestido de manta a penas le cubre las patas de cabra. Camina apoyada de un bastón que es continuación de la pezuña del brazo izquierdo—.
Anselmo se colocó detrás de ella e hizo una seña con el puño deslizándolo sobre el cuello. —Se cuenta que con ese muñón afilado raja el pescuezo de quien se le atraviese.
—Sígale y las siguientes visitas van a ser gratis don Anselmo.
—¿Pos’ no que ya está hombrecito el Flavio?, ¿en qué quedamos? —Anselmo se fue a sentar en una de las sillas de palma que rechinó con su peso y continuó su relato con una especie de solemnidad que parecía oscurecerle la cara—, la Bertita va siempre sonriente, pero con risa mala, tiene una boca sin dientes y labios de ligas secas. Sus ojos son todos negros, como si estuvieran vacíos, aunque dicen los que se han salvado, que ven el reflejo de un zopilote que se anda tragando su propio cuerpo.
Flavio contenía el llanto, porque le habían dicho que ya era un hombre, pero estaba a punto de orinarse. Lucía lo abrazó muy fuerte y el niño comenzó a sollozar, luego continuó en un tono condescendiente para calmarlo. —Si te lo contamos es para que te pongas abusado, mijo. Ella se aparece bajo el sol o en la noche, se mueve entre las sombras de los árboles, no se deja ver a menos que estés muy menso y la andes buscando, por eso no tientes al destino.
—Lleva a lomo, un costal en el que guarda las chilacayotas que intercambiará por la cabeza de sus víctimas. Cuando se va, deja un caminito de sangre que se pierde en las faldas de los cerros donde va a ocultarse hasta el año que viene… más o menos.
Flavio se separó abruptamente de su madre. —¿Entonces es un día nomás? —le dijo entre lágrimas y mocos escurridos. —¿No todos los viernes como me dijeron Rodrigo y Alberto?
—Todos los 28 de diciembre mijo, pero ya te dije, no subas al monte. De todos modos voy a estar al pendiente de ti aunque ya tengas bigotes.
Anselmo se levantó para traer un lápiz y un pedazo de papel de entre un montón de viejos libros apilados en un rincón.
—Mira Flavio, te voy a dibujar los signos pa’ que los traigas siempre. Pero prométeme que no le vas a decir nada a nadie. Con esto no se juega, es lo más sagrado que hay en todo Teyotlán… ¿Palabra de hombre?
El niño asintió aliviado tan solo por poseer aquel pedazo de papel. Lucía le acercó su delantal floreado, para limpiarlo.
Salieron de la casa de Anselmo y en el camino, Flavio tomó la mano de su madre para ayudarla a bajar la vereda. Se sentía empoderado, y estaba convencido de que sus compañeros no podrían molestarlo con más mentiras. La Bertita era real, pero no andaba escondida debajo de las camas, ni asomada en las piletas… ¿o sí?
—¿A quién se carga la Bertita ma?
—A los chamacos burros y desobedientes —dijo Lucía aprovechando la ocasión. —Y pues, a los que no creen que existe, o andan vagando allá arriba… en asuntos que no son de Dios; por eso si te fijas casi nadie visita este pueblo, solo en Nochebuena, que es cuando se llena la misa de fuereños para que le caiga agua bendita a los ramitos de laurel que escondemos entre las cruces. Yo creo que la Bertita ha de tener un día del año pa’ toda su malevolencia en otros lugares. Por lo mientras el próximo sábado no me sales para nada, mijo.

Radica en Cuernavaca, Morelos. Sus textos se han incluido en diversas antologías de editoriales y revistas independientes, con temáticas como la escritura identitaria, cuentos de terror, ciencia ficción y fantasía. Participó en seminarios, cursos y talleres de escritura creativa, minificción, cuento gótico, narrativa fantástica. Cursó el 5o Diplomado Virtual de Creación Literaria del INBAL, así como el Seminario de Introducción a la Literatura Moderna y Contemporánea de México, de la Fundación para las Letras Mexicanas.
Me encanta, Karla. Mucho sabor a leyenda.