El erotismo y la cotidianeidad: una reseña de “El estudiante”

Cuando hablamos de erotismo, el morbo del deseo es lo que incita al lector a continuar. Es un género que siempre ha atraído por su singularidad de causar un ferviente ardor en el cuerpo que, ligado a otro, busca el placer.

Es irónico cómo la gente sataniza ese tipo de historias mientras que, en lo interno, las aceptan, las piden y las exigen. Tal vez no en lecturas, sino en videos, obras, en la mente y en lo humano. Sin embargo, cuando hablamos de erotismo, nos limitamos a pensar en el punto de la vida que comprende desde la iniciación sexual hasta la adultez, excluyendo, como siempre, a los niños y a los abuelos.

Daniel Zetina alborotó mi mente con sus propios relatos convertidos en erotismo escrito —no quería conocerlo en ese aspecto—. Uno puede identificarse con el autor por la evolución tan marcada de su personaje. Lo conocemos desde la primaria y, sin forzar palabras de un adulto en su boca, lo acompañamos en su descubrimiento sexual: desde lo más ingenuo de un niño hasta lo más depravado de un adulto, fetiches incluidos.

El estudiante no fuerza una historia, solo resume la vida del autor con lo necesario para llegar a lo prometido, mientras nos da la sensación de que es algo que nos pudo haber sucedido en cualquier momento. Esa es la esencia del libro: una cotidianidad tan pura que logra convertirnos en parte de ella. Desde la fantasía del primer amor, los toqueteos curiosos con los amigos, los encuentros con los ligues, el miedo de la primera vez o aquel ojo pícaro que observa al deseo con anhelo, mientras busca la manera de acercarse, hasta que llega el desprendimiento de la timidez para ser más audaz con el otro.

En lo personal, recordé mis propias experiencias en cada capítulo. Leal a su título, El estudiante guía al lector en cada etapa escolar y, en una epifanía no tan grata, reconocí que la timidez, la emoción y todos aquellos sentimientos que deberían ser propios de uno, se repiten constantemente en diferentes individuos para que evolucionemos en lo que somos hoy.

El toque de humor está en que Zetina no busca una historia apasionada con romance ni drama, solo es un adulto que dijo una vez: “¿Qué pasaría si me expongo a mí mismo, a mis parejas sexuales y a mis propios maestros en un libro?”. El resultado podría definirse como una tragicomedia sensual muy interesante, que tiene sus altas y sus bajas, con fantasías sexuales de las que dudo su veracidad (como que todas las mujeres guapas querían con él mientras dejaba de lado a sus dos amigos, quienes, por falta de contacto femenino, terminaron entre ellos en una noche de juegos).

No lo leas buscando amor, ni esperando que el pícaro de Zetina se quede con una pareja eternamente, porque no lo hará. Pasaremos por diferentes mujeres, grados, pensamientos y acciones; asimismo, nos veremos crecer, porque eso es lo que el autor logró: hacer tan real al personaje que puedes impregnarte de él.

Y tú ¿te darías la oportunidad de leer un libro tan provocativo y cachondo?

Daniel Zetina, El estudiante, autoficción erótica, Sueños de Tinta, México, 2024, 174 pp.

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