Durante todo el trayecto estuve callada detrás de ustedes. Recuérdalo. Tu papá conversaba solo contigo. Para mí no hubo la más mínima muestra de atención. Pocas palabras nada más. Con decirte que sentía rabia en cada latido como la que estoy sintiendo ahora mismo. Tú te mantuviste en todo momento silencioso, indiferente y alejado. Did you introduce me to him? Remember that. Las mujeres somos como un cofre de memorias.
Así como estás sentado, así estuve yo esa tarde que íbamos rumbo al colegio: recargada a un costado del asiento, pensativa, sin despegar mis ojos de la ventanilla. Do you remember? Did you even look at me? Por momentos, tu papá me miraba disimuladamente a través del retrovisor. Estoy segura de que se notaba harto. Parecía ser que tú te encontrabas igual, ¿o me equivoco?
Y después de todo lo que pasamos juntos, los buenos recuerdos y las peores horas, esto acabó en una relación desechable en la que ya no existía la menor muestra de amor. Esto no lo hice por las falsas caricias, los besos torpes, ni las llamadas perdidas. Espera, voy a limpiarme este sudor de la cara. Sabes bien que odio el calor por las noches. Es como si las calles estuvieran pavimentadas de lumbre en toda esta oscuridad. Es insoportable y agotador, y peor aún, cuando intentas dormir. Pero no tiene sentido que te hable de esto. No lo entenderías.
Ya llegamos, hay que bajar. Disculpa, ¿qué dijiste? Te oí gruñir. I don’t think you’re mad at me for making you scream under the tires. Además, sé muy bien que es algo natural que produzcas esos sonidos. Déjame abrirte la puerta. Damn!, este barranco huele asqueroso. ¿Puedes ver lo empinada que es la pendiente? ¿Qué diablos te estoy preguntando? Se me olvidaba que los ojos ya ni siquiera te sirven. Dame tus manos. Hasta se sienten tan diferentes que la primera vez cuando te conocí. Fue en esa fiesta, ¿verdad? Remember you told me to speak better in Spanish because you didn’t understand me? A ti siempre te molestó que yo hablara mi lengua materna. I’m not to blame for having American blood. Pero no, tampoco lo hice por eso. Tienes que recordar cada uno de tus actos por pequeños que hayan sido. En el silencio siempre se conserva la memoria. Lo sabrás bien cuando estés allá abajo a solas. Llegarás rápido. A fin de cuentas, hay hombres a los que también les encanta rodar.

Octavio Ollin (Ciudad de México, 1998). Es Licenciado en Biblioteconomía por el Instituto Politécnico Nacional. Participó en el 1.° Festival de Cine y Literatura de Horror, y en El Encuentro de Escritores de Narrativa: la literatura está en todas partes. Ha publicado en Revista Anestesia, Revista Perro Negro de la Calle, Revista Pluma Literaria, Página Salmón, Lenguaje Perú: red peruana de literatura y Palabrerías.
Entre sus obras se encuentra: El pseudónimo de la muerte (Asociación Editorial Alebrijez, 2015) y Crímenes vertiginosos (Editorial Kañy, 2023).
