Volver a Chilapa, de Luis G Torres

Las evocaciones son necesarias porque nos conectan con el pasado, con recuerdos disímiles,
a veces opuestos en los claroscuros y sinsabores de la vida de las personas. Vivimos en un
permanente presente/pasado y desde ahí afianzamos nuestros afectos y nuestros adioses.
Somos memoria; a partir de los recuerdos nos reconfiguramos como sujetos en el presente.
Los recuerdos y experiencias son parte de nuestra identidad, nos reafirman y nos proyectan
hacia el futuro según nuestros valores familiares, morales y éticos; nos construyen y afianzan
nuestra formación sentimental, nuestra memoria personal y la que vamos construyendo en
colectivo.


La memoria personal se reconstruye cuando se comparte con otros lo vivido, ya sea a
manera de textos de carácter autobiográfico, diarios, testimonios, cartas, memorias,
crónicas y, por supuesto, a través de la ficción, que es límite fronterizo entre la lengua como
posibilidad de invención y la verosimilitud.


El factor recuerdo se interrelaciona con el factor tiempo y de ese contacto surge la voz que
se instala para referir aquello que ya no es, pero que sigue siendo de algún modo, en la
medida en que se recuerda o bien, como en el caso que nos ocupa, se ficcionaliza.
Volver a Chilapa (2025) es el título de la novela de Luis G. Torres, publicada por Desliz
Ediciones. En esta novela, dosificada en quince capítulos, su autor va hilvanado a través de
la historia de un protagonista de nombre Mauro Alarcón, quien llega a Chilapa, Guerrero
en busca de las huellas de su familia paterna y de una verdad insospechada, su esencia, su
origen, su pasado/presente familiar.

Quien busca encuentra y la trama de esta obra es un ejemplo de ello. Con un estilo sencillo,
pero intenso, utilizando la voz en primera y tercera persona, acudimos como vouyeristas a
una historia personal y familiar. La sencillez de esta obra es su principal cualidad, su técnica
sin aspavientos hace que los personajes, sobre todo el protagonista, se vuelvan entrañables.
Volver a Chilapa es un regreso a los orígenes de lo nebuloso, lo no verbalizado, por eso,
desde la etapa adulta, el personaje protagonista regresa, pues desea conocer lo que su
madre, ya difunta, no confesó a sus hijos Mauro y Flavia, ni cuando decidió salir de
Chilapa en compañía de sus hijos pequeños y con eso poner distancia con su esposo, ni
cuando, muchos años después, falleció víctima de cáncer.


El regreso de Mauro a Chilapa, después de vivir su infancia, juventud y madurez en
Cuernavaca, Morelos, está motivado por su sentimiento de orfandad, incluso siendo adulto.
Ya no tiene padres, por lo que la duda del pasado lo hace regresar a sus orígenes. Para
hacer el contraste entre el paso del tiempo, el autor alterna el cambio de narrador, lo que
potencializa la vivencia y perspectiva desde la que se narra.

Aunque podemos clasificar al texto en comento como una novela, también hay que
enfatizar que comparte con la crónica algunos elementos, sobre todo cuando se nos narra la
vida del protagonista y su familiar en Cuernavaca, la acuciosa descripción de lugares
emblemáticos, la socialización e incluso la gastronomía y la música que van forjando la
educación sentimental de Mauro y su grupo social.


La novela está ambientada entre Cuernavaca como geografía del crecimiento emocional,
educativo, afectivo y sexual de Mauro, y Chilapa, Guerrero, con su catedral imponente con
la imagen de Nuestra Señora de la Asunción al centro, su festividad llamada La tigrada,

también la gastronomía, danzas, como la de los tlacoleros, su cantina y otros elementos que
permiten al personaje conocer y reconocer su pasado familiar nebuloso, desarraigado.

Destaco de Volver a Chilapa la exploración de las identidades de género en dos momentos:
el de Mauro, el niño, joven y adulto que relata en primera persona su iniciación sexual, el
joven que hace estudios profesionales y vive de forma más libre su identidad de género al
lado de amigos como Arístides pero, por otra parte, la sexualidad de Abilio Alarcón, su
padre, de quien sabemos, por voz de Melquiades, un primo de Mauro, ya muy avanzada la
novela, que en el pasado tuvo una relación con otro hombre: “Fue un alboroto. Tu abuelo
nunca lo pudo aceptar. En ese entonces esas cosas no tenían ni nombre. No se
mencionaban, sucedían, pero se callaban” (101). Melquiades es uno de los pocos
sobrevivientes por parte de los Alarcón de Chilapa. Por él sabemos que Abilio y su amante
Ulises vivieron juntos, aunque: “Mataron una noche a tu padre y su cadáver apareció
tirado en la calle, con varios tiros en el pecho”. La voz narradora es la de Melquiades,
quien pone acento en la construcción de una versión familiar y colectiva, en una historia de
amor, pasión y deseo que no podía ser aceptada en una época en la que lejos estamos de
hablar de orientaciones sexuales más allá de la categoría femenino/masculino.
Volver a Chilapa es una novela de evocación del pasado y la necesidad por conocer alguna
verdad. Podemos interpretar que se trata de una exploración narrativa sensible sobre la
identidad sexual, la represión y el sentido de libertad. Si Mauro tiene sus reservas por
confesar desde la edad adulta su naturaleza sexual y de género no heterosexual, mucho
menos su padre podría hacerlo en una época signada y significada desde la discriminación y
la homofobia.

Volver a Chilapa entraña la condición de un hombre en busca de sus orígenes. Se trata de
una novela íntima, confesional para el lector y sincera que nos presenta a un Mauro como
un hombre bueno, bondadoso e inocente, sobre todo en la niñez y la juventud, ese hombre
alto y moreno que aprendió el sentido de la unión familiar y el sacrificio y al que se le revela
una verdad insospechada.

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