Un grito de arena

La siguiente historia no iba a contarla. Dadas las circunstancias la contaré, si es que quieres escucharla. No sé por dónde iniciar, siempre ha sido así. Las mejores historias imagino comienzan por la mitad de los hechos. Nadie quiere escuchar todas esas charadas de la infancia, o solamente que el asunto de la misma inicie en ella, o transcurra en ese espacio temporal: el de la niñez. Aunque viéndolo bien, hay pocas historias que comiencen con un niño. De que las hay, estoy seguro que las hay, de libros sé muy poco. Lo que tengo que contar no tiene que ver con historias de mi infancia. Ni la infancia de otros. Usted ya lo sabe. Sí, sé que estoy dando muchas vueltas. Pero bueno, no encuentro cómo dar inicio con esta historia. Ya sé, ya sé. Nunca he sido bueno, ni para el chisme. Y esto merece que vayamos despacio, con calma. Deje que agarre el hilo y ya verá.

No es muy claro. Todo inició un día de esos que bien podríamos llamar oscuro, trágico o fatal, ya que de alguna manera lo fue. Bueno usted lo sabe. No hay que dar tantos rodeos. Para que adornar tanto algo, llenarlo de lugares comunes.

Ahí estaba. Creo recordar el día, jueves trece de abril. Trece, dicen que es un número de mala suerte. Para qué ser tan supersticiosos con estas cosas. Imagine que tuviéramos que andar por la vida asustados por todo, por un gato negro que se cruza por nuestro camino, unas escaleras, el día la noche, las estrellas. No, claro que eso no aporta mucho. Bueno la fecha sí, es necesario, para darle más veracidad a los sucesos. Por algo en los ministerios, o en los interrogatorios siempre preguntas por esos detalles, esas minucias si usted quiere. Ya sé que no es un interrogatorio. Bueno formalmente no lo es. En el fondo algo hay. Usted quiere saber, y yo tengo que contar lo que pasó. Se podría presentar como una declaración. Por absurdo que parezca esta es una declaración. No de manera formal, pero algo tiene de eso.

Declarar es contar públicamente un suceso. Y aquí sólo estamos usted y yo. Y lo que le cuente quedará entre nosotros. Ese fue el acuerdo. Nuestro pacto.

Sé que hay pactos y acuerdos que no se cumplen, que en un momento se rompen, todo depende de las personas. Tengo que confiar en usted, en que no dirá nada de lo que aquí se cuente, bueno no lo contará a grandes detalles, cambiará cosas, acomodará un poco la historia. Usted debe de confiar en mí, en lo que yo le relate.

Al final sólo será una construcción de los hechos a partir de mis recuerdos. Una construcción de la realidad a partir de lo que usted vaya imaginando.

Quedará ahí como parte de una crónica imposible, un puzzle de acontecimientos.

Tiene agua.

Gracias.

Debo encontrar el punto exacto. Es imprescindible para darle mayor claridad. Veracidad se podría decir. La verdad es importante. La verdad depende del punto de vista de cada uno de nosotros. Pero es necesario tratar de llegar a ella. Y sólo contando lo más cercano a lo ocurrido se puede de algún modo narrar con cierta claridad lo que pasó esa mañana.

No lo tengo tan claro. Usted tampoco, por eso se encuentra hoy aquí. Por eso estamos los dos sentados frente a frente.

Por momentos tengo la certeza. No sé por dónde iniciar, si al menos hubiera una palabra, una frase, un guiño que me permitiera comenzar, algo como: eran las tres de la mañana, de un jueves trece de abril, tenía la certeza de que en ese día pasaría algo que cambiaría nuestras vidas…

No encuentro como iniciar la historia. Imagino el sufrimiento de algún escritor, ese hombre que se dedica a narrar cuentos o novelas de ficción. Que tiene que crear la vida de otro hombre, sus atribulaciones, llevarlo al límite de sí mismo. Imaginar un mundo creíble dentro de la ficción, en un espacio real, pero que no lo es. ¿Qué es real? A caso usted y yo lo somos.

Puedo escuchar el mar. No debe de quedar muy lejos. Usted sabe que por ahí llegamos. ¿Cuántos? No lo recuerdo, unos cuarenta, cincuenta. ¿Si había niños? Sí, siempre hay niños, mujeres, adultos, viejos, hombres llenos de furia, de odio, algún adolescente que con mirada perdida observa las olas, los pájaros, los peces.

Cuando la lancha cedió por el peso, por la violencia del mar, algunos cayeron. Los gritos. Sí, recuerdo los gritos. Quizá los esté inventando. A uno le da por recrear la realidad. No como fue, sino como pudo haber sido. La violencia de la naturaleza golpeando con furia la barca.

Algunos no sabían nadar, y pataleaban, daban brazadas histéricas.

Yo estaba ahí, aún en la lancha. ¿Que qué hice? Nada. Que podía hacer.

Tengo sed. Me podría dar más agua.

¿Qué quiere saber?

Usted no es de migración. No es policía. No es periodista. ¿Cuál es su interés?

Es escritor.

Quiere escribir una novela.

Un cuento.

¿Para qué?

Eso no va a servir de mucho.

Los cuerpos siguen flotando en el mar.

Los cuerpos aún están ahí, en alguna parte, extraviados.

Un premio dice. No le parece un acto oportunista. Usted que sabe de la miseria, del dolor, de la impotencia. Ha estado en una situación similar. Rodeado de agua salvaje, de oscuridad, de gritos, de angustia, de cuerpos ahogados. ¿No? Lo sabía.

No me venga con eso de que debe de contar la historia para que otros la sepan. Ellos no quieren saber sobre el sufrimiento de los otros. Usted debe de escribir algo que sea de interés a sus lectores, que el lector se entrometa en la que cuenta, que el morbo lo lleve a seguir leyendo; como si lo que cuenta fuera un chisme. Que la muerte llegue, que alimente su deseo de mero observador, como una hiena que desea saciar su hambre, desde la tranquilidad de su sala, en su cómodo sillón, desde el café. Que al final sienta una ligera satisfacción. La tranquilidad de saberse a salvo. Y los muertos mera ingeniería literaria. Un artilugio. Ficción pura.

Y usted satisfecho.

Usted insiste mucho. Ye le había dicho que no tenía intenciones de contar esta historia. Ni ninguna otra. Pero usted insiste tanto.

Le digo que no encuentro cómo iniciar.

Ya sé que siempre se dice que se debe de comenzar por el principio. ¿Cuál principio? El principio de todo. Mi principio. ¿El principio de qué?

Se puede comenzar de algún modo. Bueno usted tiene herramientas literarias que le permiten iniciar y desarrollar una historia para llevarla a un buen desenlace. Yo soy un hombre que sobrevivió a un naufragio. Que vio morir a su esposa y sus dos hijos, y a otros que iban con nosotros en la barca. Yo no tengo esas técnicas literarias que usted maneja. Yo tengo dolor, angustia, pena, una miseria inimaginable.

¿No sé qué busca?

Debería dejarme tranquilo.

Ya no puedo seguir a flote. Estoy cansado. Mis piernas, mis brazos ya no pueden. Ya no. Me sumerjo en la profundidad de la nada.

Tiene más agua.

Es curioso que un hombre que casi muere en el mar, rodeado de agua tenga tanta sed, y pida agua, más agua.

No estoy muerto. Usted podría confirmarlo.

No sé cómo.

Me gustaría estar seguro de eso. De estar aquí. De que esto es real. Usted sabe. Escucho el mar. ¿Estamos cerca de alguna playa?

¿Qué porqué decidimos subirnos a esa lancha?

Teníamos que salir. Ya no podíamos seguir ahí. No era seguro. Salimos para sobrevivir, y ya lo ve usted. Es como una broma. Una mala jugada. Permítame tantito, tengo que parara un momento. Tendrá más agua……….

Imagino que las historias son las mismas, o muy parecidas.

Uno siempre sale buscando mejorar las cosas.

Sabe, no siempre las cosas salen tan bien.

La fragilidad de la vida se podría decir.

Somos estadísticas, una nota que se pierde en los diarios, una historia amarga para leerse bajo la sombra, un premio de fotografía, de crónica, de periodismo….

Sí también hay documentales, películas… esto da para mucho.

Un pasaje bíblico, una historia mítica, épica. Esto no tienen nada de bíblico, mítico ni épico. Es doloroso. Podría decir cruel. Ser cruel es una palabra muy gastada. Como si estuvieras leyendo una historia cortesana, una novela gótica del siglo XVIll. Pero esto no tiene que ver con eso. Esta es otra crueldad.

¿Cómo es que esto se puede romantizar?

El dolor no debería de romantizarse.

Ya sé.

Ya lo sé.

Me estoy desviando. Sí, sí. Estoy dando muchas vueltas, cabriolas, giros impropios en la narrativa.

Necesito encontrar el inicio correcto. La palabra exacta.

Qué darían los jóvenes que se encuentran en este momento intentando escribir un poema, un cuento, alguna novela, por contar con la frase precisa, esa que permita que fluyan las ideas.

Tampoco la encuentro. ¿Acaso tengo la obligación de contar esta historia?

Usted quiere saber, yo quiero olvidar. Estamos en extremos tan lejanos. En dos puntos que no deberían encontrarse. Aquí estamos, uno enfrente del otro. ¿Por qué? No lo sé.

Escucho el mar.

Usted lo oye.

Tendrá otro vaso con agua.

Históricamente siempre se han dado las migraciones. Todo pueblo en un momento de su historia tuvo la necesidad de moverse, de trasladarse buscando mejores condiciones. Eran nómadas. Hasta que se asentaron en un espacio para poblarlo, construir sus casas, sus calles, sus fronteras. Los límites de sus territorios. Vinieron guerras, hambrunas, sequías, se acabó la caza, y tuvieron que salir a buscar en otros lugares, otros pueblos, ciudades o países. Empezaron a migrar en la búsqueda de mejores condiciones. ¿Qué me fui muy lejos? Bueno por algún lado tenía que comenzar. Imaginé que ese sería un buen principio.

¿No lo es?

A alguien le podría interesar.

Hay lectores para todo.

¿Usted podría empezar esta historia de mejor manera?

Quiero verlo. A ver cuente…

Eso es… como decirlo… muy tendencioso…. Eso… quiere jugar con los lectores, meterlos a una historia deprimente. No tiene por qué hacer eso. No juegue con los sentimientos de sus lectores. Se darán cuenta. En algún momento lo harán, y su libro quedará ahí llenándose de polvo en algún estante. No haga eso. Ya lo han hecho muchos con no muy buenos resultados.

No lo sé. No sé qué deba de escribir. ¿La verdad? Es difícil. Al final qué es la verdad. Creo que lo que más se podría acercar es la honestidad. Ser honesto. Quizá no venda tanto. Quizá no reciba premios.

Escribir no es un asunto de premios o de ventas. Bueno en parte sí. Yo qué sé. Yo no soy escritor. Yo estaba en una balsa con mi esposa y mis dos hijos, y ahora estoy aquí con usted.

Ese no es el tema en sí. Es sólo uno historia. ¿Qué cuál es el tema? Si usted no lo sabe yo menos. Es irritable tener que pensar en todo esto.

Sí, claro puede ser la migración. La perdida. La soledad. La muerte. El olvido. Todo trata al final sobre eso.

Recuerde que el tema al final es sólo un pretexto para contar una historia. La historia. Una breve historia de la humanidad, de la tribu. Debe ahí, de alguna manera contar una historia que interese, que mueva al lector, que le permita confrontarse a sí mismo.

Usted es el que sabe. Yo que le puedo decir. Yo trabajaba de contable en una oficina. Era un burócrata. Viendo números. Cuentas. Hojas. Papeles. Frente a la computadora. Esperando pasar el tiempo. Una historia aburrida, si lo ve así. Hasta que cerraron la fábrica. Y ya no necesitaban contables. A mi edad es muy difícil conseguir empleo. Y estaban los otros problemas. los problemas más grandes aún. La violencia. El narco. La inseguridad. Un gobierno incapaz de solucionar los problemas de todos. Y de ahí la idea de salir. Se podría decir escapar. Yo lo veo desde otra óptica. Salir a buscar otras oportunidades. Bueno si lo escucha de ese modo suena muy gastado, trillado. Tonto. Sin profundidad. Torpe. No teníamos de otra. Y no importa como suene. Cómo se lea.

Puede ser una frase muy dicha o repetida, trivial si quiere: buscar otras oportunidades. Podría parecer que estaba escapando de la realidad. De los problemas del mundo. Que me estaba dando por vencido. No es así. Dejar todo, y digo todo atrás. Casa, pertenencias, amigos, familia, ciertas comodidades. No es como escapar. En parte puede parecer que sí. Pero no lo es.

Usted puede escribir lo que quiere. Darle el enfoque que usted crea necesario. Al final será su historia. Yo solo le estoy contando ciertas cosas. Que no sé si le sirvan. A mí ya no me sirven.

Podría regalarme más agua.

La sed es como un grito lleno de arena.

Raspa. Una furia que se queda ahí contemplando los días.

Gracias.

Los cuerpos flotaban, la marea los llevaba en lentitud hacía la inmensidad. Se iban perdiendo. Pequeños puntos en la nada. En lo azul, la profundidad del azul. Lo terrible que es la inmensidad. Llorar no sirve de mucho en esas circunstancias, las lágrimas no ayudan. Ahí sabes lo que es perderlo todo. Las piernas se entumen, el cuerpo se acalambra, se acalambra el espíritu, la carne.

Uno puede morir en cualquier circunstancia. Lo sabe. Ha visto los restos de los hombres en el desierto, en fosas clandestinas, quemados en sus celdas, en camiones, arrastrados por la corriente de un río bravo, flotando en la costa de mares tranquilos. Cuerpos y cuerpos de hombres sin territorio, de hombres frágiles.

Quería escuchar esto. No lo sabe. Usted puede escribir sobre esto, al final no importa tanto. La escritura es un acertijo, hay que descifrar el código, darles sentido a las letras, los espacios, los símbolos. El mar es así. El agua salada que te golpea, que te jala a lo profundo es un símbolo, ¿De qué? No lo sé.

El mar es un cementerio. El límite fronterizo más palpable. La furia de la tierra. El mar es agua, sal, muerte.

Sus aguas no apagan la sed. Sus aguas ahogan, hieren, congelan. Uno en el mar es tan insignificante.

Sé que usted quiere escuchar otra cosa. Una historia, no esto. Como ya sabe, y ya le he dicho no sé cómo narrar esas cosas. Yo sé de números, de balances, de tablas contables, del déficit, la inflación, cosas que no tienen nada que ver con la literatura.

Salimos muy temprano, aún estaba oscuro. Un hombre nos alumbraba con una lámpara, caminamos un buen tramo hasta llegar a la playa. Ahí estaba la barca. Una lancha inflable. La empujamos a la orilla, uno por uno fuimos subiendo. Qué si tenía miedo. Claro que tenía miedo. Era más grande el miedo de quedarse ahí, de no hacer nada. Tomé a mi esposa y mis hijos y los subí…

Usted perdone no puedo evitar las lágrimas.

Me podría dar más agua.

Siento que se me seca la garganta. Como si adentro se desatara una tormenta de arena, de sal.

Usted dice que me escucha. Creo que está esperando algo. Será que no tengo mucho que contar. Que esta historia es muy simple. Sucede a diario en cualquier mar que se encuentre cerca de una frontera. Imagino que suceden cosas más terribles. Le podría dar para un libro. Una novela. No lo sé.

Me daría mucho gusto poder contarle algo. Otra cosa. Ya le dije trabajaba en una oficina. Mis hijos iban a la escuela. Mi esposa trabajaba de cajera en un banco. No hay mucho. Todo colapso. Ya lo sabe, la economía. La violencia se apodera de la ciudad, del país. No había mucho que hacer. Uno no es un héroe. Si hay fuego lo que te queda por hacer es lanzarte por la ventana. No importa el piso en el que te encuentres, nadie quiere ser devorado por las llamas.

Sabíamos que pasaba algo, pero lo ignoramos. Ver al presidente en cadena nacional diciendo que todo estará bien, es la peor señal, un mal augurio. Uno tiene que alarmarse cuando llaman a la calma.

En la barca todos comenzamos a preocuparnos cuando el agua empezó a filtrarse por las costuras. La histeria se apoderó de nosotros. No había nadie ahí para calmar las cosas. Gritos, llanto, reclamo, oraciones. Sabe cuándo el barco se hunde no hay nada que hacer. Sólo esperar la desgracia. No hay nada en esta historia. No hubo héroes, ni mártires. Alguien que salvara a los otros. Sólo agua, y cuerpos flotando. Muertos. Qué más le puedo contar. Usted lo vio, o lo imaginó. ¿Sabe si ha salido en las noticias? O es que estas tragedias ya no dan para eso.

No es sostenible la idea de una historia con algún final cómodo. No digamos feliz. Es insostenible siquiera pensar en la teoría de la libertad. Los hombres no escapan de sí mismos, de sus tragedias. Puede usted recorrer miles de kilómetros, nadar y atravesar un mar, subir a un tren y verá que no hay nada más allá, sólo un territorio como un páramo, como una ilusión pasajera.

Un cuerpo flotando en el mar es una desgracia, tres cuerpos una tragedia, pero más de cinco cuerpos una estadística. Un niño ahogado a la orilla de una playa una buena foto para las redes, un premio World Press Photo, un Trending Topics. Un vano recuerdo. No estoy tan seguro de lo que le estoy contando.

Disculpe podría molestarlo con un poco más de agua.

Imagina usted sacar algo de todo esto. Un hombre que, por la fortuna o la desdicha, las cosas del azar, del destino, la casualidad llega a la orilla de una playa, destrozado, desmoralizado, un fugitivo, un trashumante, un emigrante. Un hombre que es un fantasma, la sombra nómada de otro hombre, apenas un ser miserable. Usted pretende sacar algo de ese hombre. Ignora que ya no hay más jugo en él. Ni una gota de nada. Sólo una sed infinita.

No sé si pueda contarle otra cosa. Hay cosas que no se pueden nombrar, están ahí como dando vueltas, girando en una rueda sin fortuna. En esta gran feria de la locura, del olvido.

Fue la marea dicen, fue el hambre, el miedo, otros cuentan que es el fracaso económico, la falta de un proyecto social. Fue el sobre peso, la mala calidad de la barca, los coyotes hambrientos, la ambición como un buitre que alimenta el deseo, fueron las ganas de salir de esta realidad, la fortuna, el infortunio. Fue la miserable muerte rondando por los mares de este destino.

Aún puedo observar a mi mujer y a mis dos niños. Los veo hundirse, y yo no puedo hacer nada. Nunca se puede hacer nada cuando luchas contra la muerte.

Espere, olvide eso. Fue un pequeño desliz. Eso no tiene importancia. Qué importa en este momento esas pequeñas minucias. Nada.

Escriba sobre el abandono, la sensación del abandono, sobre la soledad, la angustia, los peces en el fondo del mar, de las olas violentas. Sobre las más de cuarenta personas en una barca en la inmensidad del mar. Del azul, del silencio. Los gritos, el llanto, los insultos, los rezos, la angustia. Sería como sonata, un preludio. No lo sé, de música no sé nada, ya le había dicho que era un contable, que me pasaba los días encerrado en una oficina viendo documentos que hoy no tienen importancia. Imagino todos esos papeles destruidos, quemados, olvidados en una bodega, mientras todo se va al carajo. Sí, sí de esto no tenemos que hablar. Usted quiere la tragedia, es lo que vende, lo que tiene demanda, lo demás son desgracias cotidianas, del mundo real que a nadie le interesa.

Al público. Al gran público. La audiencia, los lectores, los consumidores, porque al final a eso se reduce todo, al consumo, a la oferta, la demanda, las ventas, las ganancias, ya le había dicho soy un contable. De eso sé algo. No mucho, ya ve la empresa se fue a la quiebra. No me pueden culpar a mí de todo. Yo sólo revisaba documentos de ventas, de compras, no tomaba ninguna decisión.

Ya ve que me distraigo muy fácil.

Es posible que nada de esto sea cierto. Ha pensado esto. Cabe esa posibilidad. Que usted y yo ni si quiera estemos aquí, que esta charla no se haya dado nunca. Quizá nos hemos atravesado por la calle en otra circunstancia y su rostro, mi rostro se quedó ahí guardado en la memoria y esto sea sólo una reconstrucción de algo, de una vaga idea, una idea insignificante. Sí, eso como un sueño talvez. O quizá otra cosa. No lo sé. Ya sé que no sé muchas cosas. Puede ser una muletilla o mi ignorancia total de todo.

Usted puede pensar lo que quiera. También tiene la libertad y el derecho de escribir lo que guste.

Yo me guardo el derecho de no decir nada…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *