SOBRE LA MUERTE DEL MENCHO

I

Murió el señor del plomo y la espesura,
rey sin corona y dios de la metralla;
la sierra fue su trono y su muralla,
su ley: la bala; el miedo investidura.

Cayó —dicen— por obra de la pura
justicia que despierta cuando estalla;
mas siempre llega tarde a la batalla
y firma en tinta roja su cordura.

Hoy brindan los que ayer le dieron trato,
se lavan con discursos la conciencia
y culpan al destino y al retrato.

Cambió el difunto, no la connivencia:
si muere un nombre, nace otro mandato:
el crimen no retrasa su presencia.

II
En Tapalpa tronó escopetería
como si el cielo mismo ajusticiara;
rodó el gigante enfermo que reinara
sobre geógrafa faz y la agonía.

Tembló la patria, siempre en romería
de excusas que su orgullo disfrazara;
cerró la escuela humilde que alabara
la paz que sólo en libros pervivía.

¡Gran triunfo! —clama el púlpito oficial—
mientras el pueblo aprende la costumbre:
no gritar ante el terror criminal.

Se corta una cabeza en muchedumbre
y brota la siguiente muy puntual:
hidra con fuero, sueldo y podredumbre.

III
No fue final: fue trámite del miedo,
mudanza de patrón en la franquicia;
el mal no abdica nunca por justicia
ni el oro deja de comprar el credo.

Cayó el tirano, sí; mas yo concedo
que el trono ya esperaba la codicia,
el crimen tiene ya vasta pericia
en heredar la sombra sin remedo.

La patria, experta en mártires y en farsas,
aplaude al cazador que llega tarde
y olvida al cómplice que cena en casa.

Así la historia, hipócrita y cobarde,
entierra al monstruo… y mientras lo disfraza,
le guarda intacto el cetro y estandarte.

Nota. Este ejercicio fue elaborado como una columna periodística. La idea no era regurgitar lo que ya muchos saben, sino esclarecer algunas aristas del problema. No le empleo un lenguaje que todo mundo entiende, por el contrario, se prefirió el término culto al común u ordinario.
El texto no complace, avanza para el que quiere seguir leyendo.
El texto suena, como suenan los gritos, la metralla, el fuego que consume los negocios y automóviles.

MÁXIMO CERDIO

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