Cuando evoco a los Baños San Carlos me vienen a la mente muchas historias sin terminar
y otras que ya han terminado definitivamente. No sería lo mismo relatar esta crónica para un pú-
blico gay que para el público en general, intentaré estar en medio, porque en estos tiempos de
discursos sobre la diversidad pienso que aquellos resultan irónicamente limitados para expresar a
la propia diversidad. Usaré seudónimos para referir a los participantes por respeto a su
privacidad. Los datos específicos del local los pregunté al encargado de los baños.
A principios de los años noventas, hace casi treinta años, ya existía los Baños San Carlos
en la Carolina. Primero hubo 5 baños individuales con un modesto techo de lámina. En aquel
tiempo estaban los Baños Susy en la calle No reelección del centro de Cuernavaca. También
existían los baños “La Carolina” o, como decían los vecinos de Caro “los Baños de don Chucho”,
cerca de la fuente del mercado. En el 2018 solo existen los Baños Tlahaupan en Jiutepec y los Ba-
ños San Carlos en la Carolina, aunque en los gimnasios también hay vapor no es el mismo
concepto. Ahora el local cuenta con 10 baños individuales, un cuarto con 7 regaderas, un vapor
general, un baño turco y un jacuzzi. Hay 57 lockers junto al vapor general y 21 vestidores
individuales en la planta alta. El lugar es amplio y ha tenido mantenimiento constante. La limpie-
za ha sido uno de los puntos importantes, todos los días se usan cantidades inimaginables de deter-
gente y cloro para tallar los pisos y paredes. El color azul celeste es el distintivo en la fachada y
la decoración en general. El costo de entrada en este momento es de 100 pesos pero al principio s
olía ser de unos pocos pesitos, un precio accesible para los vecinos de la colonia, todo ha ido en a
umento por el incremento al costo del agua y el gas.
La rutina que supone ir al vapor es pagar en la entrada tu boleto, de carton gris como los
que daban en el cine de las primarias. Si necesitas una bolsita de shampoo, un zacate o el famosí-
simo jaboncito Venus Rosa allí lo venden en la entrada. Hay ramos preparados con eucalipto, ro-
mero y otras combinaciones para descongestionar y exfoliar. Puedes optar por el general o el priva
do, el costo es el mismo. Te dan una toalla y una manta para cubrir tus partes púdicas, el
encargado te recibe el boleto y te asigna un locker del cual solo él tiene la llave, te desvistes en
las bancas junto a los lockers e inicias el baño, una vez adentro el ambiente es desinhibido y
puedes andar desnudo. El encargado suele traer a los clientes agua embotellada, refresco o la famo-
sa rusa para las crudas, agua mineral con limón y sal. La tina de hidromasaje la usan varias perso-
nas para aliviar sus padecimientos en las articulaciones, una terapia de agua caliente y fría alternada es muy buena para tonificar el cuerpo. En el vapor debes estar dentro lo más que pueda
s, como un media hora si aguantas, aunque yo he visto tipos que se cuecen en su jugo por una hor
a, luego darte duchas de agua fría o tibia para temperar el cuerpo. No es recomendable salir inme-
diatamente, es mejor hacerlo con calma y vestirse con holgura de tiempo. Algo muy típico de este
lugar es el servicio de masaje que brindan don Abraham y don Charly, antes también lo hacían
Fermín y Ángel, qué en paz descanse. Los masajistas van todos los días, sobre todo en la tarde y
manejan varias técnicas y quiropráctica, basta decir que sus clientes tienen años frecuentándolos.
Por cierto, es erróneo que no dejan entrar a mujeres, sí las dejan entrar a los vapores individuales
o privados, incluso si van con su pareja. También hay grupos mixtos de personas que estudian tera-
pias alternativas, todos necesitan entrar muy relajados, con mente muy abierta, y si no lo son
allí se hacen de criterio amplio.
En donde sí entran exclusivamente hombres es en el vapor general y una de las cosas que
más nos gustan del general es la socialización. Allí te encuentras a los vecinos de la colonia, clien-
tes de muchos años atrás y viejos amigos. El viernes en la tarde o el domingo se juntan los
camaradas a echar relajo en un desenfadado tono alburero. El sentido de la comunidad es impor-
tante allí, varias personas hicieron alguna buena amistad, algunos cerraron un trato, encontraron un
plomero, albañil o proveedor de un servicio, se hablaron de los matrimonios y noviazgos, tanto
consejero sentimental sin ton ni son, algún cliente mete de contrabando su pachita o da traguitos a
su tecate cuando abren su locker. Eso sí, los hombres desnudos son rechismosos. Alguna vez el
encargado de los baños estaba de vacaciones, ¡cada cosa que inventaron!, que lo habían corrido,
que había embarazado a una señora y se había pelado. Unos meses después me lo encontré y le
dije lo que contaban de él, primero se enojó pero luego le hizo gracia. Cuánto no sabrá ese hombre
, él debería de hacer un libro, qué va, la antología completa de las historias de esos baños, sería
el mismísimo relato de la vida paralela de algunos caballeros, sobre todo de los personajes famo-
sos que han recorrido ese lugar. Yo vi poquito, solo lo suficiente para contarlo aquí. Algo que se es-
fuma con la ropa son ciertos clichés de la jerarquías, aquí habla el señor licenciado con el señor
pintor, el chico universitario con el jugador de fútbol llanero, porque los hombres ya encuerados
tenemos todos lo mismo (así es, perdón al LGBTTTTIQ pero es cierto, allí todos tienen pene y tes-
, eso también es parte de la diversidad), el límite en realidad es la apertura a la
convivencia que cada quien pueda tener. Entonces por un rato los hombres podemos departir tran-
quilos en nuestra “cueva”, como diría John Gray en Los hombres son de Marte, las mujeres de
venus. Es verdad que gran parte de los hombres, si no es que todos, necesitan espacio libre y re-
resan más entusiasmados con la idea de la convivencia en pareja. También es cierto que es como
un club de Toby, pero por otra parte no se hacen confabulaciones contra las mujeres ni hay escarnio. ¡La cosa es calmaadaaa! Se tratan tópicos como el trabajo, la política, las personas que
se conocen en común dentro y fuera del vapor, la familia y de vez en cuando de la pareja en tono
más bien distante.
Ahora sí, a lo que te truje Chencha, saquen sus banderines de la diversidad, el glitter y los
tacones, a ustedes como les gustan las historias sórdidas de orgías y prostitución les recomiendo
las novelas de Jean Genet, no se arrepentirán, yo les traigo la humilde historia de La Güera
contada desde mi corazoncito (gestos de decepción). Cuando era un niño La Güera acompañaba
a su abuelo a los Baños San Carlos, el niño y el abuelo compartían estos momentos porque en
realidad el papá del niño era lo mismo que estuviera o no estuviera, saben de qué hablo. La
primera vez que el niño vio a su abuelo desnudo y a otros señores quedó impresionado, “Abuelo
¿entonces a mí también me van a salir pelos en el pipí y canas y todo?”. Después ya se
acostumbró y aunque hubiera preferido ir a las maquinitas con el dinero de los cambios ir al
vapor no resultada del todo aburrido, podía llevar sus luchadores de plástico o sus carritos
HotWheels. Al final se volvió más consciente el niño de los cuerpos masculinos, aquel señor
tiene una panzota, ese otro es carnicero y tiene el cuerpo macizo, ese otro señor siempre llega
con su vozarrón y retumba el cuarto de azulejos, a muchos les gusta usar bigote y algunos les
gusta andar pelones de todo, desde la cabeza hasta los huevos, y por supuesto algunos tienen el
pene chiquito y otros lo tienen grandote. La Güera no es la excepción, el encargado de los baños
me contó que había un señor que traía a su hijo de un año al vapor, lo metía unos minutitos y
salía, luego lo bañaba y al final le ponía el pañal con dedicada paciencia. Años más tarde el
mismo señor vino con un joven de 17 años y le dijo al encargado con mucho orgullo “Cómo vez,
este era el chamaco que traía de bebé. ¡Mira nada más cómo ha crecido el cabrón!”, por eso no es
de extrañar que haya todo una generación de mis contemporáneos que vivieron algunos
episodios de su infancia en los Baños San Carlos.
Mi caso fue diferente, yo fui porque me los recomendó un amigo que nunca conocí frente
a frente, por el Messenger me dijo algo así como “date un rol por por los baños y sabrás lo que te
cuento”. No es lo mismo pasar las etapas de la vida allí que ir cuando ya eres adulto como yo. La
Güera tal vez no lo perciba pero cada vez que me lo encuentro y me cuenta sus andanzas veo en
su rostro una nostalgia peculiar, cómo cuando de niño esperabas a los Reyes Magos, y no
precisamente por el hecho de creer en ellos a pie juntillas sino porque sentías que la vida te daría
varios regalos solo por ser simplemente niño. Nos quedamos pensativos por un momento,
fumamos un cigarro y La Güera lanza una bocanada mientras veo sus uñas postizas con aplicaciones de diamantitos chacharowsky. Esos regalos ya los hemos recibido, regalo haber
tenido a nuestros abuelos, regalo haber sido niños y tener juegos espontáneos, regalo ser
creativos, regalo venir a los baños, regalo habernos conocido, regalo que seamos gays y nuestros
padres lo hayan aceptado, regalo nuestro cuerpo, regalo haber conocido las delicias de un buen
amante… es natural preguntarse si la vida nos reserva más sorpresas o si solo nos toca levantar la
mesa, limpiar, tirar las botellas de licor vacías y retirarnos.
Sin embargo, la gente del vapor me sigue dando sorpresas, yo que no me considero muy
sociable pero me puse a platicar con don Lobo y los amigos que se juntan los viernes en la tarde,
no es que yo sea el más varonil, La Güera menos, ellos bien saben que somos gays, allí estamos
por la fuerza de la costumbre hablando de todo, incluso creo que don Lobo conocía al abuelo de
La Güera, y aunque nos hayan visto estos respetables señores heterosexuales de edad hacer
muchas peligrosas travesuras somos de forma genérica sus niños, sus hijos, sus nietos, sus
sobrinos, personas como cualquier otra en busca de afecto. Y pues no le cuenten a nadie pero
esto de ser gay no solo es sexo, antros y amaneramiento, ni se les ocurra decir que algunos
somos gays por pura devoción a nuestros padres, qué obviedad decir que fueron nuestros héroes,
ni hablar que ser padre es una apuesta, puede irte bien o puede irte regular o de plano mal, y de
cualquier modo el paradójico resultado es el don de la vida, he conocido así a padres admirables,
hombres que luchan día a día por llevar el sustento a su casa, hombres algo sufridos que
prefieren reservarse su dolor y “echarle ganas”, o lo que sea que signifique eso (¿acaso hay de
otra?), con ojos de niño esas batallas siguen siendo sorprendentes, demás está decir que hay dos
que tres hombres guapos en el vapor y es allí donde La Güera y yo caímos redondos. Y pues ya
así a calzón quitado, unas de las cosas más hermosas que he visto mi en vida es un hombre
atractivo desnudo.
Si lo veo desde el punto de vista de La Güera los baños tuvieron su auge como lugar de la
diversidad entre 2000 y 2010. El ritual de fin de semana era ir a discotecas como La Casa del
Dictador o a Coco, ya después todo desvelado ir a casa, dormir unas horas y tomar el kit de
belleza: unas chanclas, zacate, jabón, rastrillo y piedra pómez. Directo al vapor. Ya en el “spa”,
como es glamourosamente conocido, platicas más a gusto de los temas del ambiente, que si la
Thalía es mejor que Paulina, que si este anduvo con el otro, que si la marcha de este año, etc. En
realidad nunca ha habido cuerpos perfectos ni modelos de pasarela, este lugar es popular, el
hombre guapo para mí es delgado pero correoso, se dedica a un oficio tipo cargador o albañil,
tiene el cuerpo firme y moreno, con una ligera pancita porque desquita la comida.
Pero eso se acabó, las nuevas generaciones tanto de gays como de no gays prefieren ahora otros lugares
(tampoco vienen niños con sus abuelos, eso pasó mucho antes), solo quedan los clientes que de
verdad son asiduos, algunos viejos vecinos de la Carola que ustedes conocerán mejor, quedan
también personajes como don Diablo (así le dicen) que deambulan en los vapores semivacíos,
solo el domingo revive el bullicio de antaño pero sin el frenesí de la juventud, por así decirlo.
Actualmente La Güera trabaja en una estética muy exclusiva en Cuernavaca, le gusta el
teatro y viajar en su moto. Es una persona vital, me encanta su desparpajo y aprecio por lo
belleza de las cosas, no se qué opinaría su abuelo, qué en paz descanse, yo creo que de igual
modo lo bendice donde quiera que él esté. Cambia de celular como quien cambia calzones, perdí
su contacto pero yo sé que un día nos volveremos a ver alguna tarde en el vapor. Veremos a otros
más jóvenes que nosotros y haremos bromas sobre la juventud frente a la experiencia. La vida
puede llevarnos a otros lugares o dejarnos aquí, la mejor metáfora para describirlo es el agua
misma, el agua limpia a menudo está corriendo en los baños, se mezcla con ese olor a jaboncito
Venus Rosa y cloro, algunas veces ese olor me remite a los momentos intensos en el vapor, la
excitación, la cacería, lo que no cuento, no obstante sé que habrá de seguir corriendo el agua para
cumplir su ciclo, como una historia que nunca termina, como el deseo, como la sed…

Salvador Rojas es egresado de la licenciatura de Lengua y Literaturas Hispánicas y titulado
con mención honorífica. Ha participado en talleres de literatura en Cuernavaca como el de
Luis Francisco Acosta del Centro Cultural Universitario (CCU) y el taller de poesía de Javier
Sicilia en Centro Morelense de las Artes (CEMA). Ha publicado en antologías como
“Perífrasis de la Sandía” de Fondo Editorial Universitario y revista “Literal” de edición
independiente. Ganador del premio de ensayo 2017 del Festival Diversidad Somos en
Morelos.
