— ¿Como inicio todo? cuéntamelo desde el principio —
Marlene una chica de 17 años con el cabello pintado de rojo recostada en el diván miraba fijamente un retrato de Sigmund Freud con un puro en la mano. Respondió.
— Primero escuchaba como sus garras rasgaban en el ladrillo, después su respiración. — el psiquiatra tomaba nota mientras decía.
— ¡Como suena su respiración?
— Marlene después de estar en silencio unos segundos respondió
— El aire que sacaba por la nariz era pesado muy pesado… como un mamut con catarro. — ¡Has escuchado la respiración de un mamut con catarro!
—No, pero me lo puedo imaginar…mi mente siempre está quieta— El psiquiatra movió la cabeza como aprobación y retomó sus apuntes
— ¿qué hiciste? Ese día o los días posteriores de escuchar las garras y respiración
—. Coloque unas croquetas de un perro que tuve, deje agua en un traste, se lo deslice por debajo de la cama. Creo que el demonio tenía hambre y sed al día siguiente los trastes estaban vacíos. — el psiquiatra dijo mirándola fijamente. dijo
—De existir los demonios, el que habita en tu recamara no tiene un comportamiento normal. — Marlene respondió.
—¡De a ver tenido un comportamiento normal! no estuviera aquí. Posiblemente estaría con un exorcista. ¿Cómo debe ser un comportamiento normal de un demonio?
— respondió el psiquiatra
—De existir un demonio, supongo que este debería ser intimidante o violento continue
—Me tocó el tobillo realmente era una sensación desagradable su piel era como la corteza muerta de un viejo árbol. Muy pronto me acostumbré a dormir sin que ninguna parte de mi cuerpo se saliera de la cama. Pero no le bastó en ocasiones se salía de bajo de la cama, lo podía sentir por que bajaba la temperatura de mi habitación, escuchaba sus pasos era como si caminara una cabra a dos patas, me quitaba la colcha. No fueron pocas las ocasiones en las que sentí un hartazgo de su presencia. Me acostaba sobre el suelo, miraba bajo de mi cama, allí todo era oscuro solo veía cierta luminiscencia rojiza que formaban el contorno de sus ojos estos tenían la forma de almendras un poco alargadas eran como dos velas encendidas pero el fuego no se movía permanecía quieto. Le recriminaba. “Como es que terminaste aquí. He visto pinturas donde te representan, teniendo peleas con ángeles armados con espadas de fuego. Luchando con santos de cuerpos atléticos, liderando hordas de otros diablos” pero estar debajo de la cama de una mujer que vive sola, eso no le haces justicia a tu fama” pero mis a pesar de mis reproches puedo asegurar que lo disfrutaba”
— el psiquiatra con libreta y lapicero en la mano dijo.
—Tenemos que dejar en claro que los demonios no existen, — marlene respondió —Si existen son de muchas formas, todas las personas tienen al menos uno. Lo raro es cuando se materializan, leí en un artículo que existe el estrés generalizado o depresión con sintomatizacion. En ocasiones se sintomátiza con dolor y en otras te libera un demonio.
— el psiquiatra se rasco la cabeza con la punta del lapicero después dijo.
—Dudo mucho que su información venga de un artículo serio. Pero ese no es el caso, le explicare.
—Los diablos no existen, algunas personas les han llamado demonio a algunas enfermedades de la mente. Usted le dio, forma y posiblemente personalidad, como lo haría un niño con un amigo imaginario. — Marlene dijo,
—Pero lo he visto
— el medico contestó
—Entonces estamos ante una posible esquizofrenia óptica y auditiva. ¡Ha conversado con él!
—Si
— ¿de que hablan?
— la chica dijo.
—Los medicina por momentos me dejan dopada por las noches, no recuerdo muy bien de que platicamos
— Y ¿Como es?
—No me explico cómo podía caber bajo de mí cama, yo lo vi andando en mi recamara, tiene el cuerpo grande como de un oso, pero su pelaje no es de este mundo o al menos nada que yo haya visto, sus pelos son gruesos ásperos algunos los tienen cortos otros los arrastra por el suelo, sus garras son como navajas son muy sucias una cantidad de insectos giran alrededor. Su cabeza es la calavera posiblemente de una cabra con un par de enormes cuernos enrolladlos como caracoles, sus rostros están completamente descarnado en las cuencas de los ojos siempre se mantiene dos flamas que nunca dejan de arder.
— el psiquiatra dijo
— ¿Me había dicho que hablaba contigo? Has un esfuerzo por recordar, — Marlene apuntó a una vitrina con medicamentos diciendo.
— Algunas de estas pastillas que tienes, creo que no le gusta.
—¡el diablo toma Valium!
—El no, pero no le gusta que yo las consuma, por según él cuando las tomo, es succionado a un infierno, — respondió el psiquiatra.
—Por lo que puedo notar es un diablo…si aterrador, pero inofensivo.
—Por favor no lo subestime, no es inofensivo, puede matar solo con su presencia.
—¿Y a ti porque no te ha matado?
—Dice que, porque soy especial, nunca voy hacer una alguien común. algunas personas podemos escuchar voces y ver seres que vienen de otra dimensión que comparte espacio y tiempo con la nuestra, somos los que nos dicen locos. Pero algunos demonios no nos hacen daño y otros sí — el psiquiatra se puso de pie mientras decía.
—Entonces algunas personas como usted tienen super poderes.
— Marlene respondió —Su diagnóstico, me es ofensivo.
—Te lo explicaré de manera más sencilla si tú le hablas con dios eso es una oración. Pero si dios te contesta eso ya es esquizofrenia.
— la chica dijo —Si dios me habla ¿No me convertirían en santa? —No…te internaríamos al psiquiátrico. — la chica interrumpió diciéndole.
—el diablo que habita en mi recamara es real — Pero solo usted lo puede ver. — la mujer tomó una servilleta cercana a ella se la ofreció al psiquiatra mientras le decía.

Iván Noé Espadas Sosa, Cacalchén Yucatán. Proyectista de Cine. Maestro de la escuela de escritores y del Centro a la investigación histórica y literaria de Yucatán. Libros publicados Hora Cero. El Nido del Cuervo. Sin lugar en la tierra. Cinema Palacio. Editados por la dirección de cultura de Mérida. Crónicas de los Cines de Yucatán 1970-1994 PECDA 2021. Sus textos se encuentran en la menos una docena de antologías antologías. Entre ellas: Terror volumen 4 y 5 de la Editorial Lebrì. Y la perra que conoció el mar y Predeterminaciones.
