Talib había nacido en Tlaltizapán, un pueblo del estado de Morelos que, durante el periodo revolucionario había sido sede del cuartel del general Emiliano Zapata. Su madre había muerto cuando él era un niño, y su padre, un maestro de primaria llamado Farid, fue el encargado de criarlo.
Todas las noches, después de rezar el “Padre nuestro”, don Farid le hablaba de sus raíces árabes y le contaba acerca del Corán, pero le pedía que eso quedara entre ellos y que en público asumiera la doctrina católica que su madre le había heredado.
Cuando llegó el momento de escoger carrera, Talib decidió que estudiaría historia, su padre aceptó aquella decisión con agrado. Para esas alturas, el conflicto religioso que había heredado de su madre y padre, había hecho que Talib fuera un hombre profundamente ateo y escéptico.
Sus años universitarios no fueron precisamente memorables: iba a clases, a la biblioteca y a la casa en la que vivía, herencia de su padre que había muerto poco antes de que acabara su carrera. A pesar de lo difícil que fue esa muerte para Talib, se fue recuperando poco a poco.
Poco a poco se fue involucrando cada vez más con la vida universitaria y comenzó a trabajar en la universidad, primero en cosas administrativas y más adelante, ya que se había titulado, fue integrándose a la docencia.
No era un maestro con un estilo que llamara la atención: vestía discreto, hablaba con seriedad y evitaba los chistes y las anécdotas personales. Pero era muy buen maestro, su claridad para explicar y la facilidad con la que relacionaba los sucesos históricos uno con el otro, hacían que sus grupos salieran bien preparados.
Talib no era una persona aburrida, si círculo social, a pesar de ser pequeño, incluía colegas, un par de primos hermanos y algunos alumnos. Asistía a una que otra fiesta y, de forma constante, se veía una vez a la semana con su mejor amiga, Sara, una doctora en física computacional. Se reunían en un bar del centro de la ciudad de Cuernavaca y sus platicas generalmente eran acerca de series, música y películas.
Una tarde, cerca de su cumpleaños cuarenta y seis, al volver a casa después de sus clases, encontró un sobre que había sido deslizado por debajo de su puerta: era un sobre común y la solapa no estaba pegada.
En su interior venía una tarjeta del tamaño de una postal, el cartón del que estaba hecha se veía de calidad y en una tipografía parecida a la de una maquina de escribir, estaba escrito el mensaje:
Estimado profesor Talib Haddad Cruz, está usted invitado a formar parte del “Departamento de asuntos universales”, ya que consideramos que su perfil llena los requisitos para integrarse a nuestro equipo. Le solicitamos que se presente en los próximos tres días. Si no se presenta en este tiempo cederemos su lugar a otra de las personas preseleccionadas.
Al principio pensó que aquello era algún tipo de estafa, algo de corte piramidal tal vez. También consideró que fuera una broma, pero no conocía a alguien con ese tipo de humor.
Durante toda la tarde estuvo revisando aquella postal y el sobre en el que venía. No encontraba nada que lo pudiera ayudar a descifrar de parte de quién venía. Por más que intentaba convencerse de que aquello era una cosa poco seria, algo en su cabeza no lo dejaba dejarlo pasar.
Notó que la dirección en la que tendría que presentarse estaba cerca de su casa. Hizo una búsqueda y se sorprendió un poco: aquel lugar estaba en uno de los pisos del edificio en el que estaba la oficina de correos.
Por primera vez en muchos años tuvo una serie de sueños vívidos, todos se relacionaban con la invitación. En la madrugada no pudo más y se levantó de la cama, fua a la cocina y se preparó un te y mientras se lo tomaba miraba la postal.
Al siguiente día fue a la dirección indicada, el edificio de correos era parte del paisaje cotidiano y, aunque había utilizado el servicio postal en un par de ocasiones, nunca le puso tanta atención como en ese momento. No entró, observaba la entrada con curiosidad, una puerta pequeña a un costado de la entrada principal. Decidió que antes de entrar era buena idea sentarse a tomar un café en el restaurante que se encontraba junto a su destino.
Pagó la cuenta y mientras se acercaba a la entrada pensó si debería avisarle a alguien acerca de lo que estaba por hacer, pero decidió que no era necesario. Subió por las escaleras, eran estrechas. Muchas veces había pasado frente a ese edificio y aquella era la primera que lo conocía por dentro.
La puerta del departamento que buscaba estaba abierta. Asomó la cabeza con cautela, era una sala con muy pocas cosas y, lo que más le llamó la atención era lo limpia que estaba.
Entró intentando no romper con el silencio de aquel lugar. Una mujer que llevaba en la mano una carpeta y un joven al que le faltaba medio brazo derecho y que con su única mano cargaba un celular, salieron de un pasillo al fondo del lugar y le pidieron que se sentara.
La mujer, que se presentó como Mónica, le explicó por qué lo habían seleccionado para formar parte del “Departamento de asuntos universales”: consideraban que su mezcla religiosa, heredada por su padre y madre, además de su escepticismo y ateísmo; junto con su formación académica y talento para enseñar, eran cualidades que generalmente buscaban.
El trabajo, en un principio, no requería mucho tiempo, pero se tenía que llevar a cabo en aquella oficina. Él recibiría una serie de documentos que analizaría para realizar un reporte mensual. La paga era buena, mejor que la que recibía como maestro, aún así, él quería mantener sus clases en la universidad. Antes de aceptar, les preguntó que cómo era que sabían tanto acerca de él y le comentaron que habían preguntado por ahí.
Esa noche asistió a su cita semanal con Sara , mientras bebían y comentaban una serie que habían descubierto hacía poco, Talib le comentó acerca de su encuentro con el “Departamento”, ella se entusiasmó y lo felicitó, le dijo que ella había intentado trabajar ahí en más de una ocasión, pero generalmente aceptaban a personas más capacitadas en el área de las artes y las humanidades, también de la historia o la filosofía.
Él preguntó por qué era que ese “Departamento” no era tan conocido. Ella le comentó que, en realidad, no era tan desconocido, pero que eran muy selectivos al momento de dejar entrar a personas nuevas y, además, el nombre que tenían mucha gente pensaba que eran una religión o algo similar.
Después de unos días Talib recibió su primer trabajo con el “Departamento de asuntos universales”. Se presentó al mediodía en la oficina en la que había sido entrevistado. El joven sin brazo, que se llamaba Quinto, lo saludó cordialmente y lo llevó al cubículo en el que haría su trabajo.
Era un espacio pequeño en el que solo había una silla, un escritorio y una pequeña ventana que, a pesar de su tamaño, permitía una muy buena cantidad de luz.
El joven Quinto le pidió que dejara fuera del cubículo su mochila, su celular y cualquier otro dispositivo que llevara y luego le indicó que todo lo que necesitaba para realizar su trabajo estaba sobre el escritorio. Una vez que Talib quedó solo, se sentó: frente a él había un par de sobres manila, hojas blancas y una pluma azul, también una pequeña tarjeta que decía “Usted sabe qué hacer”.
Talib abrió los sobres y sacó el contenido. Lo primero que encontró fue un mapa algo antiguo de la ciudad doblado en cuatro, también sacó una buena cantidad de actas de distintas propiedades, la mayoría se localizaban en la zona más céntrica. Le sorprendió el buen estado en el que estaban todos aquellos documentos.
A pesar de lo asertivo de la frase en la tarjetita que le habían dejado, Talib no tenía muy claro cuál era su tarea. Revisó una a una cada acta: registros, facturas, recibos y papeles que, lo único que registraban eran compras y ventas de terrenos en los que se habían edificado las construcciones más emblemáticas del centro de la ciudad.
Pasó un buen rato examinando aquellos documentos, trataba de imaginar lo que debería hacer con toda aquella documentación. No quería preguntar, pensaba que si aquella oficina era tan estricta y tan selectiva, tal vez lo podrían despedir por no saber qué hacer en su primer día de trabajo.
Después de un par de horas decidió ordenar aquellos documentos por fecha, por participantes en la transacción y por valor de las transacciones. Luego escribió en las hojas blancas una especie de reporte explicando las relaciones entre implicados, el dinero en invertido y la importancia actual de todas aquellas propiedades.
Apenas había terminado de escribir su reporte cuando Quinto entró y, sin decir nada, tomó todos los documentos y las hojas. Le dijo que aquello era todo por el día y lo guió a la recepción. Ahí los esperaba Mónica que saludó cordialmente a Talib y le entregó un sobre en el que le comentó que iba su paga. Al llegar a su casa, Talib abrió el sobre: era lo que correspondía a un mes de pago, él no recordaba cuando había tenido tanto dinero en efectivo en sus manos.
Pasaron un par de semanas sin que recibiera noticias del “Departamento de asuntos universales”. En esos días estuvo tratando de investiga más acerca de esa institución. Al parecer, más gente de la que se imaginaba la conocía. Algunas personas habían solicitado documentos para llevar a cabo investigaciones y se los habían proporcionado. Otras intentaron obtener trabajo ahí, pero no pudo encontrar a nadie que lo hubiera obtenido. Solo él.
Su siguiente trabajo con el “Departamento” llegó: un mensaje en su celular le indicó que se presentara en algún momento que no le estorbara con sus clases. En la primera charla con Mónica y Quinto, ambos le hicieron bastante énfasis en la importancia que tenía el que siguiera siendo docente de la universidad del estado.
Se presentó unos días después de recibir el mensaje, llegó por la mañana, Quinto lo guió al mismo cubículo, sobre el escritorio se encontraban tres cajas tipo archivero, un paquete de hojas blancas y varias plumas azules. Abrió las cajas y comenzó a sacar el contenido, eran sobres de distintos tamaños que, como los documentos anteriores que había revisado, estaban en excelente estado a pesar de lo viejos que se veían.
Conforme los fue se encontró con que eran todas cartas de gente dedicada a la música: solistas, compositores, integrantes de bandas de distintos tipos y estilos. En esas cartas estaban las historias de grupos y personas que se habían dedicado a la música en la ciudad a lo largo de varias décadas.
Antes de terminar con la revisión de las cajas, entraron dos hombres con overoles de trabajo cargando un par de mesas plegables que colocaron pegadas a las paredes, mientras lo hacían, Quinto se asomó por la puerta y le avisó a Talib que las necesitaría para acomodar todas las cartas que estaban en las cajas. Así fue: después de unas horas, todas las cartas estaban acomodadas en pilas en orden cronológico.
Fue un trabajo de varios días en los que Talib fue sacando notas y haciendo un registro de la historia musical de la ciudad. Llegó un momento en el que incluso se descubrió compartiendo anécdotas encontradas en las cartas con sus alumnos y amistades.
Al terminar todo su reporte recibió su pago, de nuevo en efectivo. En esta ocasión, además del dinero, en el sobre venía la invitación a una cena que se llevaría a cabo unas semanas después.
Continuó con sus clases y sus reuniones de los jueves con Sara, a quien le contaba su experiencia trabajando en el “Departamento de asuntos universales”, incluso, aprovechando que la invitación permitía un acompañante, le pidió que lo acompañara.
La cena era algo más formal de lo que Talib se esperaba, afortunadamente, tanto él como Sara iban mejor vestidos de lo que se vestían regularmente y no rompían tanto con el entorno. Un hombre muy amable revisó la invitación y los fue guiando por el lugar hasta llegar a su mesa, eran los primeros en ocuparla.
El restaurante era de los más lujosos en la ciudad, eso también implicaba una carta con costos que no eran precisamente accesibles, pero la cena incluía barra libre así que, para no desperdiciar la ocasión, comenzaron a pedir bebidas. En poco tiempo la mesa ya se había llenado, sus compañeros de mesa eran, en su mayoría dueños de negocios más o menos prósperos.
Antes de que la cena fuera servida, Mónica y Quinto subieron a un pequeño estrado que estaba en un extremo del lugar. Después de una breve ola de aplausos, Mónica dio unas palabras en las que agradeció los apoyos y el trabajo de la comunidad y, sin que Talib, lo esperara, lo presentó como el más reciente encargado del capítulo del “Departamento de asuntos universales” de la ciudad.
Sorprendido y con la torpeza alguien no acostumbrado a los reflectores y que ha bebido en ayunas, Talib se paró de su silla y levantó su copa para brindar simbólicamente con la concurrencia. A partir de ese momento él fue el centro de atención de la mesa y de las mesas cercanas. Le preguntaban cómo era que había logrado ingresar al “Departamento” y él, entre borracho, apenado y con Sara burlándose, respondía con evasivas y atribuyendo todo a la suerte.
El trabajo en el “Departamento de asuntos universales” continuó: cada vez las tareas eran más complejas y, aunque en un principio todo se enfocaba a estudios de la ciudad, poco a poco el panorama temático se fue ampliando. Ya no eran únicamente asuntos locales y fueron apareciendo temas del estado y después del país. Todo marchaba bien, los pagos, siempre en efectivo, eran constantes y un complemento excelente para su salario como maestro de la universidad.
Lo único que le llamaba la atención era que los datos que analizaba no parecían trascendentales. Todos eran cosas como: cuántas bebidas embotelladas habían estado a la venta durante un periodo determinado; qué tipo de pintura era la más utilizada para pintar casas; cuántas veces una familia promedio llevaba a cabo una u otra actividad. Podría parecer que aquello era más un tema de estadísticas, pero no, siempre le pedían que añadiera a aquello un enfoque social. Al “Departamento” parecía interesarle que toda la información estuviera redactada como una especie de libro de texto.
Talib estaba contento en aquel trabajo. Su vida continuaba como siempre, Mónica y Quinto, aunque se seguían portando con el temple habitual, lo hacían sentir cubículo del que ya se sentía como parte de la decoración.
A mediados del segundo año que Talib llevaba trabajando en el “departamento”, Quinto le informó que sería enviado a una conferencia a la que asistirían todos los “Departamentos de asuntos universales” del país. Se llevaría a cabo en una playa del Caribe, no podría llevar acompañante, pero todos sus gastos estarían pagados por el “Departamento”.
El hotel donde se llevaría a cabo la conferencia no era el más lujoso, pero era mejor de lo que Talib se esperaba. Su habitación era amplia y con vista al mar. Sobre la mesita de la habitación había una canasta con fruta, dulces, bloqueador solar, una gorra y unos lentes obscuros. Recargada en la canasta, una tarjeta que decía:
“Bienvenido al congreso anual del “Departamento de asuntos universales” nacional, esperamos que la pase muy bien y le recordamos que este año nos acompaña una delegación extranjera, no duden en platicar con sus integrantes y hacer que se sientan bienvenidos”
La primera actividad oficial era por la noche, así que Talib se preparó para ir un rato a la playa. Llevaba varios años sin salir del estado, otros más sin haber visitado el mar y quería nadar y asolearse un poco.
Había muchos huéspedes, todos, incluido Talib, llevaban las gorras membretadas que estaban en las canastas de bienvenida, o gafetes que los identificaban. Todos se saludaban se conocieran o no.
Toallas de distintos colores y tamaños, gente con una variedad de trajes de baño que cubrían más o menos de sus cuerpos, palapas y sombrillas llenaban la playa. No fue fácil para Talib encontrar en donde dejar sus cosas para ir a nadar. Afortunadamente, un par de colegas que lo vieron buscando lugar, le ofrecieron un espacio en su palapa.
Antes de que se pudiera dirigir al mar, escuchó la voz de Mónica que lo llamaba. Venía acompañada de una mujer muy alta que usaba un sombrero de ala ancha y unos lentes obscuros que no dejaban ver sus ojos. Mónica los presentó, y sugirió que él fuera su guía personal, la mujer se llamaba Anura y era parte de la delegación extranjera. Talib aceptó la tarea. Nadó un rato en el mar para después comer algo. Fue a su habitación, descansó y miro el atardecer desde su ventana antes de arreglarse para ir al evento inaugural de la convención.
El restaurante del hotel era una palapa enorme a un costado de la playa. En una de las mesas lo esperaban Anura y Mónica, él fue a sentarse con ellas y en el camino fue saludando a varias personas a las que no conocía de ningún lado. Estuvieron platicando un rato. Talib nunca había visto a Mónica en un humor tan desenfadado: hablaba de todo lo que hacían en Cuernavaca y lo bien que él trabajaba. En algún momento Mónica se integró al grupo que daría las palabras de bienvenida.
Anura y Talib continuaron con la plática, que habían iniciado. Ella le preguntaba acerca de las cosas que él hacía para el “Departamento”. Le llamaba mucho la atención la historia religiosa, en especial se interesaba mucho en los sincretismos. El discurso de bienvenida fue breve y por primera vez Talib pudo ver a las personas dedicadas a dirigir los distintos capítulos del “Departamento de asuntos universales”.
Durante la cena Mónica los acompañó de nuevo, una vez más, los elogios y los proyectos del capítulo Cuernavaca del “Departamento”. Se abrió la pista de baile y todas las personas comenzaron a intercambiar mesas y a caminar por el salón. Anura y Talib se integraron a distintos grupos en los que se discutían diversos temas de cultura, sociedad y gastronomía.
De estas pláticas Talib pudo deducir que: todas las oficinas eran pequeñas, operadas por muy poca gente. Eran accesibles para compartir información con quienes lo solicitaran, pero no eran tan abiertos al momento de contratar.
La última noche del congreso Talib le preguntó a Anura acerca de su interés por los temas de las religiones. Ella le respondió que, para la comunidad a la que ella representaba, conocer el comportamiento religioso era muy importante, sobre todo para comprender el nivel y la capacidad para reaccionar a eventos de grandes dimensiones.
Después de esta respuesta Talib no pudo mas que preguntar acerca de la comunidad a la que ella pertenecía, la respuesta fue que Anura representaba a comunidad de lo que “ustedes llamarían Alfa Centauri”. Ambos rieron y la noche continuó.
En pocos días todo había vuelto a la normalidad: dar clases en la universidad, trabajar para el “Departamento”, sus jueves con Sara. Sin darse cuenta Talib estaba contento con su vida. Además, sus dos salarios le habían permitido hacer un ahorro y estaba considerando comprar una casa fuera de la ciudad.
Unos meses antes de su cumpleaños 45 comenzó a organizar una reunión en su casa, no sería algo muy grande y su jardín sería espacio suficiente para sus invitados. Incluso invitó a Mónica y a Quinto que aceptaron con amabilidad.
La noche del festejo fue concurrida, los invitados estaban por toda la casa y algunos en el pequeño jardín trasero. Mientras Talib repartía unas cervezas, pudo ver que estaban entrando a su casa Mónica, Quinto y Anura. Se acercó a saludar y, además de abrazos y felicitaciones, recibió un par de botellas para compartir.
Fue un festejo emotivo y ameno. La gente platicaba se hacían y deshacían grupos mientras se bebía, se bailaba y se cantaba. Incluso sus colegas del “Departamento” se habían integrado con la concurrencia.
Durante la madrugada, Talib y Anura miraban desde la azotea: desde ahí se alcanzaba a ver parte de la ciudad y una de las barrancas que la atravesaba, había pocas nubes y la luna, estaba cerca de ser llena.
Sin dejar de mirar al cielo, Anura le explicó a Talib que, al menos hasta ese momento, transportar materia desde alguna galaxia, por cercana que estuviera, hasta la Tierra, era imposible. Se necesitaba una gran cantidad de energía y, además, la materia, especialmente la orgánica, no soportaba las condiciones del viaje.
Se había intentado en varias ocasiones y el resultado nunca fue positivo. Como resultado de las investigaciones en el transporte de materia, descubrieron, casi por accidente, que lo que sí podían transportar era energía a una velocidad sorprendente, este descubrimiento evolucionó hasta el punto en el que pudieron transportar una conciencia.
El problema era encontrar un huésped para que dicha conciencia se pudiera acoplar. Al principio, las transferencias no fueron tan exitosas: algunas eran breves y no duraban más de unas horas. A veces la conciencia original no se eliminaba por completo y entonces ambas quedaban atrapadas en el mismo cuerpo y eso generaba una demencia terrible.
Se tomo la decisión de seleccionar cuerpos de personas en alguna especie de coma, pero eso limitaba mucho las posibilidades de viajar. Además de que, en ocasiones, tomar un cuerpo en estado catatónico había generado cantidad de mitos acerca de resurrecciones y cosas por el estilo.
El sistema y el método de uso fue evolucionando. Lograron que las consciencias pudieran hacer viajes de ida y vuelta, y con los aliados que poco a poco fueron haciendo en la Tierra se consolidó un sistema de transporte bastante efectivo. El proyecto estaba en la fase de ver la forma de transportar consciencias humanas, pero aun no se lograba.
Anura seguía hablando, ahora miraba hacia la zona obscura de la barranca. Le contó a Talib que aquella era su segunda visita a la Tierra y que le encantaba. Su monólogo terminó con dos anuncios: Talib sería ascendido de puesto en los próximos días, ella, por otro lado, iba a volver a su lugar de origen y tardaría un año en volver.
Talib guardó silencio. El clima de la noche era agradable, las corrientes de aire frescas recorrían de manera sutil levantando hojas. Miró la ciudad, la barranca, las luces de las casas en la otra orilla y terminó observando la luna. Tenía dos preguntas y no se le ocurría ninguna más.
“¿Cuándo vuelvas me vas a buscar?”
“¿Mi sueldo será mayor?”
Ambos rieron un poco antes de darse un beso largo envuelto en un abrazo.
Continuará…

Ulises José García Rodríguez, nacido en Cuernavaca Morelos el 3 de diciembre de 1974. Estudié servicios editoriales con el grupo editorial Versal de 1999 a 2000. Manejé un proyecto editorial llamado TREBUCHET EDITORIAL del 2000 al 2005, he trabajado como asistente en distintos proyectos de edición impresa y digital así como en el transporte de libros en papel a versión Epub. Egresado del Diplomado en creación literaria de la escuela de escritores Ricardo Garibay.
