Después de todo
al final del arrebato fulminante
nuestro cuarto deslumbra intimidad,
estuvimos a salvo del sombrío aislamiento.
Al final del secreto
coloqué el impacto de un beso helado
para tus recuerdos desnudos.
Nuestro paso por el mundo
fue un breve apego
de cuerpos abrazados al fuego
y a veces instrumento para encadenarme
al metal de tu cuello precioso.
Te quise apretar a mi alma acantilada
que mi voz te llamara
para reunir un milagro
con la infinita fragmentación
de tu ternura y sus ecos,
pero no pude.
Apenas sobreviví a la euforia rosa neón
del alcohol y el sexo
y hoy sin mucho querer miré atrás,
vi así por fin el atardecer definitivo
de lo que soñé contigo y nunca tuve.
.
La tarde llega una y otra vez
¿dorada o amarillenta?
Nada tiene de nuevo este rastro extinto de los rostros fugaces, ni siquiera el reconcentrado desvelo en mis ojos amorosos alcanzó a reunir suficiente luz; ni la persistencia de mis abrazos provocó algún incendio o pasión duradera en tus palabras secas.
Apenas vi las líneas chispeantes,
el desgastado anhelo de brillante misterio, los contornos fijos de una mirada que se pierde,
el sol desvanecido entre paisajes idílicos e irrealizables, el desmayado recuerdo que recobra y pierde consciencia en el frenesí hiriente del deseo.
Y si tuviera poquísima de esa luz entre mis manos hubiera temblado igual que un niño frente a la mordedura deslumbrante de una llama.
Mi cómoda oscuridad, el lujo desvaído, la riqueza de las sombras eternas será amenazada por tus ojos en mi mente
cuando acabe la tarde
.
Algo me dice que tu amor está presente
la tarde revienta sus perlas y minutos porque ya no hay espera, los ojos regresan de su distancia para habitarme.
La realidad me dice que me hablas, esta vez he reunido tus palabras con extrema dedicación y he sabido guardarlas en mi propia boca ante cualquier despojo.
Este lugar es el que pediste, sus rincones ululan desafiantes, sus muros no admiten derrota, lugar donde los vientos y sus mensajes celestes ceden acorralados.
Sé que se agota el espacio y las nebulosas se precipitan en el planeta para materializar tus promesas románticas y sus meteoros.
Es un hecho que llegó el día, la oscuridad en franca somnolencia cierra sus fauces para dormir el sueño de las bestias heridas en el alba.
Vives aquí, porque ya no caben los recuerdos en nuestra pequeña intimidad y mi mano está sujeta a la tuya porque ya no solicito a nadie.
Alguien dirá que es descabellado, aunque a diario el mundo crea novedades y tragicomedias he sabido conducir a las personas que leen esto hacia mi certidumbre y sus últimas líneas.

Salvador Rojas es egresado de la licenciatura de Lengua y Literaturas Hispánicas y titulado
con mención honorífica. Ha participado en talleres de literatura en Cuernavaca como el de
Luis Francisco Acosta del Centro Cultural Universitario (CCU) y el taller de poesía de Javier
Sicilia en Centro Morelense de las Artes (CEMA). Ha publicado en antologías como
“Perífrasis de la Sandía” de Fondo Editorial Universitario y revista “Literal” de edición
independiente. Ganador del premio de ensayo 2017 del Festival Diversidad Somos en
Morelos.
