Estoy hecha un manojo de nervios. Supe que el maestro de cuento es… un tal Alday, quesque muy chicho pa´l cuento. Armó mucho alboroto su mensaje, pos luego luego nos endilgó un encargo. Casi me da un patatús. Así no’ más, sin decir «agua va» nos dijo que había que escribir 15 renglones de corrido, sin parar. De’ altiro no tuvo compasión.
Pos, como no sabía cómo hacerle, le dije a mi’ hija que me ayudara, pero me contestó que ella, de esos argüendes, no sabía nada. Le llamé por teléfono a mi comadre Tacha, pero ni ella ni su achichincle, me pudieron ayudar.
Y aquí estoy, toda desguanzada y achicopalada, «haciendo de tripas corazón» para escribir, dizque un cuento. Tan siquiera nos hubiera explicado que el cuento es una historia breve, de a mentiritas, de cosas que una se imagina. Con pocos personajes, pa´ salir rápido del enredo, y, en un de repente, dar solución al chisme y remediar el tinglado.
Quién me manda andar de metiche y mitotera. Me hubiese quedado en mi cocina, con mis ollas y cacerolas, mis trapeadores y mis escobas, al cuidado de mis periquitos australianos y no irme a meter a los talleres del diplomado, quesque pa´ superarme y aprender a escribir.
¿Cómo voy a escribir un cuento? Si ni tan siquiera sé con qué se come eso. A mí no me sale un cuento ni yendo a bailar a Chalma.
Eso me recuerda la primera y única vez que fui a Chalma. Lo hice por mi marido, pa´ que recuperara la salud, no quería que se muriera y me dejara sola. Le tenía harto miedo a la soledad. Me acuerdo muy bien de esa tarde, cuando regresó del trabajo, todo cadavérico y apesadumbrado, me dijo: con una voz tan hueca que parecía salir de un pozo, que se sentía muy mal, que alguien le había hecho «mal de ojo». Lo llevé de inmediato al doctor, le recetó un «chorro» de medicinas, pero no le sirvieron de nada. Pasaron los días y él no se componía.
Entonces, mi vecina, que era como mi hermana del alma, me convenció de llevarlo a Chalma pa´ que el Santo Patrono me hiciera el milagrito de aliviarlo. Pos, no muy convencida, pero si echándole hartas ganas, nos fuimos una tarde pa´ la subida a Chalma. Pancho, mi marido, caminaba con trabajos, a veces se apoyaba en mí y otras en mi vecina. Ella era rete servicial y lo animaba diciéndole: «¡Ánimo, Paco!, ¡verás como te alivias!» Lo llamaba Paco, porque decía que se oía muy chic.
Llevábamos jorongos y sarapes, pues en la madrugada hace un canijo frío que quema. Nos alumbraban las antorchas de los otros peregrinos, que al igual que nosotros iban con muchas esperanzas al Santuario del Cristo Negro. No pudimos seguirles el paso, así que nos quedamos rezagados. Solo nos alumbraba la luna blanca que estaba rete bonita, era como una lámpara en el cielo.
Ya de madrugada, decidimos descansar, nos acostamos a un lado de la vereda y sin hacernos los remolones, nos tapamos con los sarapes. Cuando desperté, mi marido estaba muy bien cobijado en los brazos de mi querida vecina. Ella luego luego me dijo: «no pienses mal, es que tiritaba de frío y le di calor con mi cuerpo». Yo me quedé pensativa, diciendo pa´ mis adentros: «¡quesque pa´ darle calor! Sí, pero no, esas mañas no se valen».
Total, como pudimos llegamos, había que aprovechar la manda. Al pasar por el Ahuehuete, ónde brota un manantial, nos mojamos para purificarnos. Ya limpios y descansados, nos colocamos una corona de flores y entramos al santuario a rezar. Al salir al atrio, nos pusimos a bailar. De ahí, nos regresamos en taxi, pos mi marido ya no podía dar un paso más.
Yo no sé si el Santito me hizo el milagrito, porque al final mi marido se alivió. No se murió, pero sí me dejo sola. Al poco tiempo de que regresamos, se sintió requeté bien, tan bien que se largó a Veracruz y de paso se llevó a la que era mi hermana del alma. No sé quién de las dos salió ganando, si ella al irse con mi marido — Paco, Pancho, Francisco, que era un bueno pa´ nada— o yo, que al quedarme sola, estoy aquí sentada, tratando de escribir un cuento.

Martha Elba Cárdenas, nació bajo el signo de Leo en el año 1954. Estudió la licenciatura en Psicología en la U.A.E.M. Cursó el Diplomado en Escritura Creativa de la Escuela de Escritores Ricardo Garibay (2019-2021). En el año 2010 participó en el taller “Mujer: escribir cambia tu vida”. Colaboró en las antologías Palabra por palabra (2013) y en El huerto de los pensamientos (2015), publicadas por la Secretaría de Cultura de Morelos. En 2017 en la antología poética del taller literario de Ethel Krauze Poemando en Cuernavaca. Participó en el XII certamen de Autobiografía “Un fragmento de mi vida” de la AMAB y obtuvo Mención Honorifica con el relato El internado. En 2018 se publica La autobiografía en Morelos. También participa en la antología de cuentos Mundos Inventados de la Escuela de Escritores Ricardo Garibay en el 2020. En el 2021 participa en las antologías Esencia de Afroditas y en Inspiración de los Laboratorios Literarios de la escritora Gloria G. Fons. En agosto de 2022, Ediciones Odradek, púbica su libro de poesía Piel de gato. Galardonada con Mención Honorífica en el II Concurso Literario Internacional de Poesía y Cuento “Julio Cortázar” (Argentina) por el cuento “Espectro” y 2º Concurso de Cuento Corto de Terror por el cuento “La sombra Negra”.
