17 de abril de 2026
Número 5
Editorial
Por Ana Jácome
A modo de amuleto, tengo a mi lado los cuatro números previos de Letras Insomnes. Me di unos minutos para hojearlos, recorrer sus páginas y, sobre todo, encontrarme con los textos que los habitan. Las voces, formas, ideas, poemas, imágenes de una revista que crece como las historias que van de boca en boca, como los proyectos que nacen en inusuales cimientos y, aun así, se afianzan y se expanden como enredaderas. He visto evolucionar a esta colectividad (de la que soy parte) que celebra el amor puro por las letras y me siento agradecida por la oportunidad de compartir mis pensamientos en este texto introductorio.
Inicio cayendo en el sino de las introducciones: investigo en la numerología para encontrar que el número 5 es la estrella de cinco puntas, el pentágono, y los cinco sentidos que conectan el alma con la realidad física —las vías para percibir y transformarla—. Es el número
cinco el que permite la maestría a través de la experimentación. Hacerlo una, dos, tres, cuatro veces. Hacerlo cinco veces y saber que no es suficiente porque, como en un texto, la calidad se construye en intentos y revisiones. Eso es lo que tienes en tus manos, la intrépida (incluso osada) intención de proponer una revista literaria que nazca de la inclusión. Porque aun el carbón termina brillando bajo la presión correcta. Diamante en bruto es una comparación simplona para lo que me gustaría decir: isla virgen apenas explorada me agrada más. Eso es Letras Insomnes, una comunidad de talentos en gestación y como en un jardín, los hay que son semillas y otros que ya florecen espléndidos al sol.
Pienso en el amplio número de gente que escribe en la actualidad. En aquellos que transitan la vida con la necesidad genuina de comunicar a través de pensamientos, historias y poemas… Pienso en eso y en la literatura, en lo que sí o no es literatura. Lo que se permite y lo que no. Lo que se incluye y lo que se deja fuera. Me gusta de Letras Insomnes que es una puerta abierta, una invitación a la práctica, a la experimentación, a la publicación. Acercarse a este proyecto es enriquecerse con las voces de autores y autoras, de generaciones, de formas de ver el mundo y amar las palabras. Recorro cada página sabiendo que detrás hay comunidad, consensos, pasión por crear, por leer y ser leídos. Un flujo constante de narrativas lanzadas al espacio virtual a través de una página web y que terminan materializadas en esta revista que ahora tienes en las manos.
Te invito a reflexionar por un segundo que detrás de estas páginas de papel hay una comunidad de más de 250 escritoras y escritores de diferentes latitudes. Los textos que estás por leer son los que se han elegido para representarnos. ¿Te das cuenta cómo no sólo pasas las páginas de una revista, sino que acaricias el esfuerzo titánico de ciertos amantes de la literatura por mantener a flote la libertad de la escritura creativa? Y todo esto sin sellos ni protocolos. ¿Pensarás en lo loable de su intención cuando recorras estas páginas? Espero que no, espero que te arrebaten las historias que nos cuentan. Porque no llegamos solos a este número
cinco.
Nos acompaña el análisis de César Gándara con una breve reflexión sobre lo que late al centro de una historia y que en su recorrido nos pone a orbitar alrededor del sol. A modo de lucero, nos dejamos guiar por la luz de El último rey mago, un relato del siempre fascinante
Efraím Blanco. Y por si creemos que perdemos el camino, tenemos los zumbidos de José Tamayo que nos guía y nos deja marcados, como una firma. Hemos llegado a El día que murió Donna Summer, de Luis G. Torres que nos invita a seguirlo a Acapulco y experimentar la vida nocturna. Antonia nos espera y no podemos evitar recogernos junto a ella, hincarnos en la tierra y compartir su dolor, narrado por las letras precisas de Astrid Paola Chavelas. Devastador, como el fin del mundo, llega el último relato de este número: Auroras tropicales de Adriana Letechipía, que en la crudeza de su estilo nos comparte una peculiar visión. Y entonces, nos envuelve la poesía de Miriam Ponce, Lorenza Ortega y Pavel R. Ocampo y es como encontrar un manantial fresco en medio de esa selva que planteábamos al inicio. Gracias por darle tierra a la poesía.
Visualmente complementan este número la ilustración de Karla Arroyo.
Nombres, realidades, estilos: pluralidad es lo que encontrarás en su lectura. Me gusta de Letras Insomnes que resuena con todas sus voces y que
cada voz tiene un lugar. Me gusta que me hace preguntarme si la definición de lo que es o no literatura empieza desde la intención: pasando por la habilidad creciente, el trabajo constante, la búsqueda de la forma y el estilo, hasta llegar a la palabra que se expresa con belleza. Me gusta de Letras Insomnes que me hace pensar en todo el ciclo, más allá, mucho más allá de etiquetas, premios o librerías.
Pero basta de reflexiones. Pasemos a lo que importa: los textos insomnes que aguardan por ti.
Inicio cayendo en el sino de las introducciones: investigo en la numerología para encontrar que el número 5 es la estrella de cinco puntas, el pentágono, y los cinco sentidos que conectan el alma con la realidad física —las vías para percibir y transformarla—. Es el número
cinco el que permite la maestría a través de la experimentación. Hacerlo una, dos, tres, cuatro veces. Hacerlo cinco veces y saber que no es suficiente porque, como en un texto, la calidad se construye en intentos y revisiones. Eso es lo que tienes en tus manos, la intrépida (incluso osada) intención de proponer una revista literaria que nazca de la inclusión. Porque aun el carbón termina brillando bajo la presión correcta. Diamante en bruto es una comparación simplona para lo que me gustaría decir: isla virgen apenas explorada me agrada más. Eso es Letras Insomnes, una comunidad de talentos en gestación y como en un jardín, los hay que son semillas y otros que ya florecen espléndidos al sol.
Pienso en el amplio número de gente que escribe en la actualidad. En aquellos que transitan la vida con la necesidad genuina de comunicar a través de pensamientos, historias y poemas… Pienso en eso y en la literatura, en lo que sí o no es literatura. Lo que se permite y lo que no. Lo que se incluye y lo que se deja fuera. Me gusta de Letras Insomnes que es una puerta abierta, una invitación a la práctica, a la experimentación, a la publicación. Acercarse a este proyecto es enriquecerse con las voces de autores y autoras, de generaciones, de formas de ver el mundo y amar las palabras. Recorro cada página sabiendo que detrás hay comunidad, consensos, pasión por crear, por leer y ser leídos. Un flujo constante de narrativas lanzadas al espacio virtual a través de una página web y que terminan materializadas en esta revista que ahora tienes en las manos.
Te invito a reflexionar por un segundo que detrás de estas páginas de papel hay una comunidad de más de 250 escritoras y escritores de diferentes latitudes. Los textos que estás por leer son los que se han elegido para representarnos. ¿Te das cuenta cómo no sólo pasas las páginas de una revista, sino que acaricias el esfuerzo titánico de ciertos amantes de la literatura por mantener a flote la libertad de la escritura creativa? Y todo esto sin sellos ni protocolos. ¿Pensarás en lo loable de su intención cuando recorras estas páginas? Espero que no, espero que te arrebaten las historias que nos cuentan. Porque no llegamos solos a este número
cinco.
Nos acompaña el análisis de César Gándara con una breve reflexión sobre lo que late al centro de una historia y que en su recorrido nos pone a orbitar alrededor del sol. A modo de lucero, nos dejamos guiar por la luz de El último rey mago, un relato del siempre fascinante
Efraím Blanco. Y por si creemos que perdemos el camino, tenemos los zumbidos de José Tamayo que nos guía y nos deja marcados, como una firma. Hemos llegado a El día que murió Donna Summer, de Luis G. Torres que nos invita a seguirlo a Acapulco y experimentar la vida nocturna. Antonia nos espera y no podemos evitar recogernos junto a ella, hincarnos en la tierra y compartir su dolor, narrado por las letras precisas de Astrid Paola Chavelas. Devastador, como el fin del mundo, llega el último relato de este número: Auroras tropicales de Adriana Letechipía, que en la crudeza de su estilo nos comparte una peculiar visión. Y entonces, nos envuelve la poesía de Miriam Ponce, Lorenza Ortega y Pavel R. Ocampo y es como encontrar un manantial fresco en medio de esa selva que planteábamos al inicio. Gracias por darle tierra a la poesía.
Visualmente complementan este número la ilustración de Karla Arroyo.
Nombres, realidades, estilos: pluralidad es lo que encontrarás en su lectura. Me gusta de Letras Insomnes que resuena con todas sus voces y que
cada voz tiene un lugar. Me gusta que me hace preguntarme si la definición de lo que es o no literatura empieza desde la intención: pasando por la habilidad creciente, el trabajo constante, la búsqueda de la forma y el estilo, hasta llegar a la palabra que se expresa con belleza. Me gusta de Letras Insomnes que me hace pensar en todo el ciclo, más allá, mucho más allá de etiquetas, premios o librerías.
Pero basta de reflexiones. Pasemos a lo que importa: los textos insomnes que aguardan por ti.
Ilustración de portada
Karla Arroyo
Radica en Cuernavaca, Morelos. Sus textos se han incluido en diversas antologías de editoriales y revistas independientes, con temáticas como la escritura identitaria, cuentos de terror, ciencia ficción y fantasía. Participó en seminarios, cursos y talleres de escritura creativa, minificción, cuento gótico, narrativa fantástica. Cursó el 5o Diplomado Virtual de Creación Literaria del INBAL, así como el Seminario de Introducción a la Literatura Moderna y Contemporánea de México, de la Fundación para las Letras Mexicanas.
Escritoras y escritores incluidos
Publica:
EL CORAZÓN DE UNA HISTORIA
Publica:
EL ÚLTIMO REY MAGO
Publica:
INSECTO PLUMA 1879
Publica:
EL DÍA QUE MURIÓ DONNA SUMMER
Publica:
ANTONIA
Publica:
AURORAS TROPICALES
Publica:
08/01/2025
Publica:
CAMPIRANA
Publica:
SUSPIROS
Publica:
ALAS DE FRIDA
Publica:
SAN SEBASTIÁN MÁRTIR
Publica:
YO ME SUMO AL CANTO Y SIN MOTIVO
Publica:
LOS PUNTOS EN LAS ÍES